Nostradamus meets Al Gore
Etiquetas: farsantes, gilipolleces, haloperidol, mitos
La página de Freman Bregg
'cause you can't help yourself from falling.
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La única forma de ver el Toro mirando hacia la derecha es mirando al toro desde arriba. En la cosmología clásica, los planetas, incluyendo el Sol y la Luna, giraban alrededor de la Tierra, y las estrellas se encontraban sobre la superficie de una gigantesca esfera que marcaba los límites del Cosmos. Para ver un Toro invertido, hay que situarse al otro lado de esa esfera.
Resumamos: los astrónomos habían descubierto una fuerza que trascendía la esfera de las esferas fijas. La imagen de la izquierda representa la idea: Mithras nace de una "roca". No en balde, uno de los epítetos de este señor es petra genetrix, es decir, nacido de una roca. No es una roca cualquiera, pues tiene la forma del Huevo Cósmico, y está rodeada por una serpiente. Las serpientes suelen enroscarse alrededor del Universo o el Océano, marcando sus límites. Tienen, además, la perversa costumbre de morderse sus propias colas.
¿Por qué no resolvemos este puñetero asunto de una vez? Podríamos fusionar ambas religiones desde arriba. Así cambiamos el Toro de las narices por el Pez. Hacemos que la parte alta del organigrama pertenezca a los nuestros. Al jefe lo llamaremos igual que ahora: Padre de Padres; es decir, Papa. Y, para evitar que el mujerío nos desplace, prohibiremos que las mujeres tengan puestos en la jerarquía. ¿Qué te parece, Consta?Etiquetas: mitos
Todas las historias son una y la misma, o eso decía Graves. Borges, por el contrario, pretendía que eran cuatro los argumentos: el de la Ilíada, el de la Odisea, la historia del dios hecho picadillo y no recuerdo qué tontería sobre unos boludos que construían una ciudad. En mi opinión, y en la de Buda, la verdad está en algún punto entre ambos extremos. Olvidemos, por un momento, la de los albañiles, pues después de la horrible "We build this city", de Jefferson Starship, nadie ha vuelto a atreverse con el tema.
En mi opinión, algo parecido debió ocurrir para que surgiese el cristianismo. El malogrado Marcos escribía su evangelio a altas horas de la noche cuando sintió la inexcusable llamada de la parte menos noble de su naturaleza. Corrió a la letrina comunal, pero con tan mala pata que cayó en el fondo del agujero. Nadie le echó de menos al día siguiente, y el cadáver desnucado quedó cubierto con los copiosos excrementos de sus incontinentes vecinos.Etiquetas: catolicismo, cuentos, mitos, santos y santones
Si entras de madrugada en el cuarto de baño, te pones frente al espejo, apagas la luz y repites solemnemente Bloody Mary cuatro veces, a la vez que giras tres veces, oirás sonar una débil campanilla, y en el otro lado del espejo surgirá el fantasma de una de las gemelas Olsen sin depilar... supongo que la mala... bueno, digamos que la que se parece al Joker... maquillándose mientras canta una canción de Disney sobre el amor, el infierno y esas cosas.Etiquetas: gilipolleces, mitos

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Es verdad: no me gustan las revoluciones, particularmente la francesa. Es un prejuicio que comparto con la beatería indígena. En algún punto, no obstante, nuestras opiniones divergen: ellos terminan culpando de la misma a la famosa conspiración hebreomasónica, mientras que yo reparto culpas y fatalidades a diestra y siniestra. Lo contrario de un error es otro error, como decía aquel cabronazo de Schlegel.Etiquetas: gilipolleces, mitos
Durante mucho tiempo, a Satanás le resultó imposible distinguir a los cristianos que le llegaban de los nuevos musulmanes. La primera idea que ensayó fue colocar una Biblia y un Corán sobre una piedra, a la entrada del Infierno. Pensaba el Astuto que cada cuál cogería el libro que le correspondía, de manera que sería fácil clasificarlos. Pero este plan diabólico falló. El creyente que llegaba y olfateaba el azufre se decía que algo muy chungo tenía que haber hecho para que ahora lo castigasen… y elegía casi siempre el libro contrario al que había seguido en vida. Si al menos hubiese sido una elección sistemática, habría valido como prueba, pero muchos se decían que, si ya estaban condenados, ¿para qué seguirse complicando la otra vida con Mecas y Constantinoplas? Y pasaban de largo ante los dos libros.
Se aprende más sobre la evolución examinando aquello que no funciona, llámese el pulgar del panda o el chorrificio[1] de la almeja pocha. Se estudia mejor la historia de un idioma si nos fijamos en sus verbos irregulares. Y es que aquello que desentona es, con frecuencia un recuerdo petrificado de otros tiempos.
En uno de los afluentes más extraños de este multiverso, Adán Cudeiro no fue un gallego de Pontevedra, sino un perfecto gentleman victoriano. Un buen día despertó bajo un árbol, con un dolor quemante en donde antes le sobraba una costilla. Se incorporó y descubrió, para sorpresa suya, la presencia de una hermosa dama desnuda. Como el exquisito caballero que era, se presentó:Etiquetas: extrañeces, mitos
Técnicamente, el cuento no es gran cosa: lo escribí de un tirón, en una tarde, y ni siquiera lo corregí. Lo que me pareció, y me sigue pareciendo interesante es la idea que desarrolla. Se trataría de una inversión del mito de Cthulhu. El pulpo demoníaco, en mi versión, no sería ni lo primero ni lo segundo, sino una especie de Prometeo que, durante eones, se habría alimentado de la materia cerebral de ciertos “ángeles”, adquiriendo fuerzas y conocimientos extraordinarios gracias a su dieta. En cierto momento, habría desafiado directamente al poder angélico, y estos lo habrían condenado al encierro subterráneo en un planeta remoto, pero algo familiar para el lector. Mi Cthulhu sería el verdadero creador de la Humanidad, a su imagen y semejanza, y todas las historias sobre cefalópodos malignos serían mera propaganda de sus adversarios. Teniendo en cuenta el manoseo indiscriminado que han sufrido los mitos de Lovecraft, no me pareció tan mala esta variación.
¿De dónde sacó Nietzsche su idea? Probablemente, de la historia que por entonces se conocía sobre Zarathustra y el zoroastrismo. Los prólogos baratos al Also Sprach suelen explicar la referencia a Zarathustra mediante el sistema dualista que habría inventado el viejo profeta. Tienen razón, pero sólo en muy pequeña parte, pues la realidad está tejida con muchos más mimbres. Y sí, en efecto, en aquellos remotos tiempos, se produjo una extraña inversión de los valores, aunque no del tipo que convenía a las teorías del filósofo.Etiquetas: mitos
No había aún amanecido, cuando ya Sofía observaba discretamente las actividades de Adán Cudeiro en el Paraíso gallego. Adán dormía despatarrado sobre una roca musgosa, llena de restos de cacahuetes y semillas de girasol, mientras un hilillo de saliva humedecía su mejilla poblada con una descuidada barba de dos semanas. A eso de las siete de la mañana, el primer Homo Sapiens se dio la vuelta sobre su lado derecho, acompañando el giro con un sonoro pedo. A eso de las ocho de las mañana, abrió los ojos legañosos, apartó la calabaza llena de zumo de uva fermentado de una patada y regocijó su espíritu con otro pedo espantoso que removió los guijarros en dos metros a la redonda. Luego se levantó y se puso de espalda, con la cara contra la pared de la cueva. Agarró su encogido apéndice urinario con la derecha y comenzó a dibujar su cara en la pared de la cueva con el líquido que brotaba a presión del órgano. Culminó la operación con otro pedo y una concienzuda sacudida del miembro. Luego se rascó, en este orden, el sobaco izquierdo, el riñón derecho, el occipucio y… perdonad que os ahorre el detalle. Finalmente, se olió la mano, hizo una mueca, bostezó y dijo algo que sonó como:
La solución de Sofía para alojar un cerebro más grande fue sorprendente: duplicó la capacidad de cálculo diseñando un encéfalo con cuatro hemisferios en vez de sólo dos. Naturalmente, el nuevo dispositivo no iba a caber en el cráneo, por lo que dotó a la nueva especie de dos receptáculos suaves a la altura del tórax, y ahí situó los dos hemisferios adicionales, que al no estar constreñidos, podrían crecer todo lo que necesitasen. Estos hemisferios, al estar más cerca del corazón, estarían mejor irrigados que los hemisferios superiores. El dispositivo fue bautizado tetraencéfalo, aunque con el tiempo, sumerios y lacedemonios lo abreviaron, dejándolo en tetras, palabra que finalmente degeneró transformándose en tetas. Cuando un hombre fija su mirada en el tetraencéfalo de una dama, lo hace para expresar su admiración por la superior capacidad intelectual de ésta. Cuando una madre amamanta a su hijo, le transmite parte de su inteligencia a través de sus neurotransmisores tetraencefálicos, vulgarmente conocidos como leche materna.
Como parte de la inevitable publicidad de la película de los Simpsons, a alguien se le ocurrió pintar un Homer gigante en una colina de Dorset, junto a un dibujo ya existente, de un gigante con una erección que amenaza con llegarle a la tráquea.
Todo hombre que merezca su nombre es Ulises. Todo hombre que ha vivido ha sido Edmundo Dantés. No importa lo que dispongan Zeus y Poseidón, Bonaparte o algún Borbón. Todos navegamos desesperadamente en busca de Ítaca o Marsella, para reunirnos con los nuestros, para reclamar lo nuestro.
Dios, naturalmente, tenía grandes planes. Había decidido descansar el sábado y pegarse un garbeo por la undécima dimensión el domingo. Pero del lunes al viernes tocaba organizar este Universo, y eso requería un jaleo considerable. De manera que comenzó creando personal en el que poder delegar. Y así creó toda la burocracia celeste de ángeles, querubines, serafines, cataplines y diablillos bermejos. Cuando ensambló el último par de alas en la espalda del último angelote, se dio cuenta que en su empresa sobraban oficiales y faltaban soldados. Entonces decidió crear la Humanidad.
Aprovechó el paseíllo espacial para matar a una especie de cocodrilo biónico llamado Leviatán que sólo servía para dar el coñazo, y para encerrar en un corral a un caballo obeso con cara de hipopótamo y pezuñas de elefante, al que llamaban Behemot. Si cree que me lo estoy inventando, le aconsejo que lea el libro de los Salmos, capítulo 74, versículo 14, y comprobará que nuestro Creador se divertía bastante cazando monstruos en algún momento de su larga carrera. Lo que no es cierto es que le haya disparado alguna vez a un oso emborrachado con vodka. Es mentira cochina.
Al día siguiente, cuando Dios Padre regresó a casa tras reparar un par de agujeros negros, le esperaba un pequeño drama familiar.
Me gustaría poder empezar esta historia como empiezan casi todas, hablando de un sol inclemente que provocaba desmayos entre los camellos, o de una noche de luna bajo la que se movían criaturas fantasmagóricas. Pero no puedo, porque cuando comenzó esta historia no había ni sol, ni luna, ni camellos. No había mar, ni tierra, ni aire. Se supone que ni siquiera existía este planeta. Porque mi historia comienza…
El bocado más exquisito no es el corazón, a pesar de lo que digan bardos y trovadores. El bocado más delicado está en la base del cráneo, oculto tras capas y más capas de huesos, sangre y tendones. No es un músculo, no es una glándula. En realidad, no es posible distinguirlo a simple vista, y ahí está su misterio, pues está rodeado de veneno, y quienes muerden en el sitio equivocado, mueren entre terribles dolores.
Llegó un día en que me fue revelado el Supremo Arcano, y pude ver todo el pasado y futuro de este Universo, y calcular las rutas y alternativas, y supe con certeza cuál era el único camino posible. Ascendí entonces al cielo de Jehowah, el Terrible Lagarto de las Tormentas, con la única fuerza de mis alas, y me presenté ante su trono. Sosteniendo su mirada alcé mi dedo acusador apuntándole sin misericordia. Como había previsto, fui maldecido, y los serafines del Demiurgo se abalanzaron sobre mí, haciéndome prisionero.
El hombre apretó los labios, sin notarlo. No lo había soñado. En ocasiones los sueños le revelaban cosas que nadie podía saber o imaginar. Dónde encontrar agua. Dónde las hierbas crecían sanas o llenas de veneno. Incluso, cuándo el veneno comenzaba a crecer en el corazón de un antiguo amigo, y era hora de mudar el rebaño a otros pastos.