jueves, abril 09, 2009

Nostradamus meets Al Gore

Jaungoikoa los cría, y la Tontería los junta:
¡Y todo esto por culpa del molino de Hamlet!
Pero no os preocupéis, pequeños, que el mundo realmente acabará sólo cuando Pepiño Blanco eche un polvo con Michelle Pfeiffer. Dormid en paz.

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viernes, marzo 13, 2009

El Misterio de Mithras

La tauroctonía es la escena canónica en la que Mithras, el viejo dios de los soldados romanos, mata a un toro. No hace falta mucha perspicacia para ver, en dicha escena, un mapa estelar:
Mithras, dando matarile al Morlaco
Es fácil identificar el toro con la constelación de Taurus. Perros hay en el cielo para aburrir: seguro que recuerda al Can Mayor y al Menor, aunque hay también unos Lebreles, y una Vulpecula, o zorrita, que no es exactamente un can pero pertenece a la familia. Ese animalejo que espachurra los cojones del toro con sus pinzas es, naturalmente, el Escorpión. Hay una serpiente en el suelo, que podría ser la Hidra. Y, aunque cuesta verlo en la imagen que he seleccionado, en la esquina superior izquierda, justo debajo del merluzo, hay un Cuervo, que es también una constelación clásica.

Un puñado de preguntas

¿Quién es el propio Mithras? Hay quien lo identifica con Orión, el Cazador Celestial. Otros lo identifican con Perseus, el "persa": aunque algunos creen que el nombre deriva del griego perthein, saquear, los propios helenos creían que estaba relacionado con los persai, o persas. Luego mostraré que la etimología es lo de menos, a la hora de identificar a Mithras con Perseus.
Bien, se trata de constelaciones. ¿Puede que se trate de algún mito relacionado con la precesión de los equinoccios? No hace falta aventurar hipótesis arriesgadas: las primeras huellas del mitraísmo se remontan al siglo III antes de Cristo, cuando ya Hiparco había descubierto "oficialmente" el lento movimiento aparente de la esfera celeste, incluyendo polos y equinoccios. Pero hay varios problemas aparentes con esta identificación:
  • Sólo el toro y el escorpión corresponden a una constelación zodiacal.
  • ¿Se trata realmente de una escena estelar? Al fin y al cabo, el toro de la tauroctonía mira a la derecha, mientras que Taurus suele representarse como un toro que mira hacia la izquierda.
  • Como suele decir Astérix, están locos estos romanos, pero ¿hasta el extremo de convertir un hecho "científico" (la precesión) en una religión? ¿En qué podía afectar el cambio del polo celestial la vida y miseria de un soldadito de la República o el Imperio?
  • ¿Por qué un toro, y no un carnero?
La respuesta a la primera pregunta es la más sencilla: el toro y el escorpión son los signos equinocciales del período que va desde el 4000 hasta el 2000 antes de Cristo. En el 2000 AC, aproximadamente, se inició la llamada Era de Aries, que terminó el año 6 AC. Sería de esperar la presencia de los signos de Leo y Acuario, que eran las constelaciones correspondientes a los solsticios en la Era del Toro. Pero, en realidad, las figuras de la tauroctonía pertenecen al ecuador celeste, no a la eclíptica o zodíaco. Este detalle vale para identificar al perro con el Can Mayor: el Can Menor está en el hemisferio sur, y las otras constelaciones caninas son de denominación reciente. Respecto al León y al Aguador, resulta que aparecen en algunas pocas tauroctonías, aunque es verdad que Aquarius es representado como una copa, y esta podría representar también la constelación Crater, la Copa de Apolo, que está cerca del Cuervo y la Hidra.

Primera sorpresa

La respuesta a la segunda y tercera preguntas es sorprendente. Descubrí personalmente la solución hace un tiempo... aunque con una simple búsqueda en Internet, comprobé enseguida que no soy el único, ni mucho menos, en haberme dado cuenta. La clave está en la dirección en la que mira el Toro: la escena está invertida. ¿Cómo es posible?
The OrreryLa única forma de ver el Toro mirando hacia la derecha es mirando al toro desde arriba. En la cosmología clásica, los planetas, incluyendo el Sol y la Luna, giraban alrededor de la Tierra, y las estrellas se encontraban sobre la superficie de una gigantesca esfera que marcaba los límites del Cosmos. Para ver un Toro invertido, hay que situarse al otro lado de esa esfera.
Imagine que usted vive en un mundo en el que los planetas son manifestaciones divinas, y en el que las estrellas están pegadas sobre la superficie interior de una esfera. Esta esfera gira alrededor de la Tierra con un período de 24 horas: usted lo sabe porque "ve" girar las estrellas alrededor de una estrella determinada (Polaris) cada noche. Los planetas son arrastrados por este movimiento, pero con el tiempo se retrasan o adelantan. Algunos, como Venus y Mercurio, tienen movimientos sumamente caprichosos e inexplicables, aunque es probable que si usted es un pirata cilicio o un destripaterrones de la Mesopotamia, no tenga muy claro estos pequeños detalles.
De repente, sin embargo, alguien le cuenta que esa esfera se ha salido de posición. Que la estrella polar cambia con el paso de los milenios. Que al llegar la primavera, el Sol está sobre la constelación del Carnero, pero que hace no mucho estaba sobre la del Toro. ¿Qué divinidad es responsable de este fenómeno? Tiene que ser el dios más potente, para sacar de su eje todo el mecanismo estelar. Usted es griego, pero no es del todo tonto: sabe que es imposible levantarse del suelo tirando de los cordones de sus sandalias. El Supermegadiós tiene, por lo tanto, que estar al otro lado de la esfera.

Enter Mithras

El impacto de la idea debió ser similar al causado por la divulgación de las teorías cuántica y de la relatividad general durante el siglo pasado. Sólo piense en la interpretación de los múltiples mundos de la mecánica cuántica, planteada por Hugh Everett, y en cómo se ha filtrado a la literatura y el cine, desde el borgiano jardín de los senderos bifurcados hasta las películas baratas de los sábados por la tarde en la tele.
Mithras, naciendo de la rocaResumamos: los astrónomos habían descubierto una fuerza que trascendía la esfera de las esferas fijas. La imagen de la izquierda representa la idea: Mithras nace de una "roca". No en balde, uno de los epítetos de este señor es petra genetrix, es decir, nacido de una roca. No es una roca cualquiera, pues tiene la forma del Huevo Cósmico, y está rodeada por una serpiente. Las serpientes suelen enroscarse alrededor del Universo o el Océano, marcando sus límites. Tienen, además, la perversa costumbre de morderse sus propias colas.
¿Por qué llamar Mithras al Hipermegadios? El nombre da igual, una vez que sabemos que Mithras no es una constelación, sino una "potencia trascendente". Lo podían haber llamado Tocapelotógenes, con el mismo éxito. Pero hay una constelación que queda justo encima del Toro Celeste, y resulta que es Perseo, el persa, según la etimología popular. ¿Persa? Ah, hay un dios persa que se llama Mitra. Pues llamémosle Mithras, que suena a griego y parece persa.
El sistema no es muy diferente a la forma en que la industria del software elige nombres en código para sus proyectos. En los tiempos en que Lotus era la hoja de cálculo más vendida, una famosa compañía de software empezó a desarrollar un producto para hacerle competencia. El nombre en clave elegido para el proyecto fue Buda... porque el producto resultante debía adoptar la posición de Lotus.

La segunda (gran) sorpresa

Volvamos al principio. ¿De veras que todo este rollo mitraico tenía que ver con la precesión de los equinoccios? Es difícil de aceptar: al fin y al cabo, si la idea surgió cerca del 300 AC, quedaban unos trescientos años para el inicio de la Era de Piscis. ¿Por qué esa fijación con el toro? El cambio del Toro al Carnero había ocurrido 1700 años antes. ¿No tendrían que haber representado a Mithras empujando a un carnero, o tirando de un pez?
Cuando intento explicarle a alguien este asunto de la precesión, casi siempre mi interlocutor espera que comience a hablar de la "sabiduría de los antiguos", de "tesoros perdidos", de "extraterrestres fundadores"... vamos, que me ponga en plan Iker. Sin embargo, no hay nada de eso en mi historia, sino todo lo contrario. Resulta que nuestros compadritos mediterráneos cometieron un grave error: los muy idiotas pensaban que el equinoccio primaveral, en aquella época, tenía lugar sobre el octavo grado de Aries. En realidad, el error lo cometieron los astrónomos babilonios, e Hiparco cayó en la misma trampa. Nada de misteriosas sociedades secretas con unos conocimientos inexplicables "para la época".
Si los equinoccios se mueven a razón de un grado por siglo, eso significa que los mitraístas calculaban que quedaban unos ochocientos años para el próximo cambio de Era. De ahí el énfasis en el inicio de la Era de Aries. En cualquier caso, el error no afectaba a las creencias básicas del mitraísmo. ¡Ah, nos hemos equivocado en 800 años! Bueno, no importa, Supermithras sigue siendo el Dios trascendente que vive al otro lado de la esfera de las estrellas fijas. ¿Qué más da?
... pero no era del todo así. La tauroctonía se había convertido en una especie de logotipo de la empresa. Y el mundo grecorromano terminó por corregir el error, y comprender que la Era de Piscis estaba a la vuelta de la esquina. Como anunciaba Virgilio:
Iam redit et Virgo
redeunt Saturnia regna
et caetera, et caetera...

Una hipótesis interesante

Estamos ahora en el siglo IV de la Era de Piscis. Es usted romano y está en búsqueda de una religión en la que malgastar su miserable y corta vida. Tiene básicamente tres opciones:
  • Si es usted un nerdie, apúntese al neoplatonismo.
  • Por el contrario, si es usted un machote guerrero con pelo dentro de las orejas, lo suyo es el mitraísmo.
  • ... ah, y si usted es una mujer, un eunuco o le falta un tornillo, no se lo piense: el cristianismo lo inventaron para usted.
Las tres religiones se han plagiado mutuamente hasta extremos que cuesta distinguirlas entre sí, excepto por el atuendo de sus feligreses. Es verdad que los cristianos han pasado por momentos difíciles, con aquellas historias de leones y tigres. La culpa ha sido principalmente de algunos tarados exhibicionistas, pero las fieras del circo han dado buena cuenta de ellos, y las aguas van regresando a su cauce.
Un buen día, el hijo de puta de Constantino planta cara a Majencio luchando por el título de emperador. La mayoría de sus soldados son cristianos y...
¡Un momento! Eso lo cuentan los libros de historia, pero ¿usted se lo cree? ¿No eran estos cristianos una panda de hippies pacifistas alérgicos al agua? ¿Y va y te los encuentras de repente en el ejército romano como mocos en el pañuelo de un griposo? ¿De veras que Constantino, el hijo de puta (su mamá Santa Elena, hizo carrera en una taberna divirtiendo a los soldados), le va a confiar el Imperio a estos hippies tarados y apaciguadores que creen en ese Judío Zombie que estuvo fermentándose tres días bajo tierra?
Fantaseemos un poco. Los mitraístas tenían un Superdios que, en el fondo, se parecía bastante al Yahweh de cristianos y judíos. Pero tenían un problema de imagen: algún subnormal había decidido usar la muerte de un toro como imagen corporativa, haciendo referencia a un suceso de 2300 años de antigüedad. Los cristianos, además, estaban comiéndoles el terreno.
Es de puta madre ser mitraísta, sin embargo. Te escapas una vez a la semana con los amiguetes a una especie de pub subterráneo. Te pones ciego a base de vino y cerveza, luego te vas de "lobas", y siempre puedes presumir de amistades en el ejército más poderoso del mundo conocido. Pero es una putada que tu mujer sea cristiana, que es lo único que puede ser, por definición. Y lo peor es que le coma el tarro a tus churumbeles con esas historias tontas sobre el Judío-Zombie-Que-Era-Su-Propio-Padre. La niña, Priscilla, no importa, porque va a terminar igual de cristiana y tonta cuando crezca; pero me preocupa lo que pueda estar pasando por la inocente cabecita de Cayo Pablito Junior.
Aaaaaa-leluyaaa!!!¿Por qué no resolvemos este puñetero asunto de una vez? Podríamos fusionar ambas religiones desde arriba. Así cambiamos el Toro de las narices por el Pez. Hacemos que la parte alta del organigrama pertenezca a los nuestros. Al jefe lo llamaremos igual que ahora: Padre de Padres; es decir, Papa. Y, para evitar que el mujerío nos desplace, prohibiremos que las mujeres tengan puestos en la jerarquía. ¿Qué te parece, Consta?

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jueves, diciembre 25, 2008

La segunda parte

¡Mucho cuidado con los cocodrilos sumerios!Todas las historias son una y la misma, o eso decía Graves. Borges, por el contrario, pretendía que eran cuatro los argumentos: el de la Ilíada, el de la Odisea, la historia del dios hecho picadillo y no recuerdo qué tontería sobre unos boludos que construían una ciudad. En mi opinión, y en la de Buda, la verdad está en algún punto entre ambos extremos. Olvidemos, por un momento, la de los albañiles, pues después de la horrible "We build this city", de Jefferson Starship, nadie ha vuelto a atreverse con el tema.
Nos quedan tres. Es fácil demostrar que la Ilíada y la Odisea son, en realidad, variaciones sobre un mismo tema, del que la Odisea es un ejemplo mejor logrado. Es una historia sobre una venganza: a un buen señor lo putean concienzudamente, pero éste se sobrepone y regresa pateando traseros. En el caso de Odiseo, es el hideputa de Poseidón y sus abogados quienes se encargan de hacerle la vida imposible. A Aquiles, los troyanos le matan al mariquita de su amigo Patroclo. Luego Aquiles va a por Héctor y lo hace papilla. Odiseo, por el contrario, tras escapar de las trampas divinas, regresa a Ítaca y monta una carnicería con los pretendientes de su churri Penélope. No se carga a Poseidón para dejar abierta la posibilidad de una secuela. Sospecho también que Homero no quería estropear el negocio de los sacerdotes del susodicho. Siempre he dicho que las historias de venganzas son mis favoritas. La mejor de todas, o casi, es la del Conde de Montecristo.
Nos quedan, pues, dos historias arquetípicas: la de la venganza, y la del dios puteado. Pero si lo piensa un poco, ¡ambas historias son la misma! Puedo imaginar el origen de nuestra civilización en las orillas de un perdido pantano en la antigua Sumeria. Un rapsoda itinerante cuenta la historia de la venganza de Gilgamesh a los embobados paletos del poblado más cercano. Cuando llega al punto en que al héroe lo han hecho puré, le entran unos terribles dolores estomacales y sale corriendo a esconderse entre unos juncos. Un cocodrilo, salido de la nada, clava sus comillos en el culo del juglar y lo arrastra a una muerte oscura. Los ebrios patanes de la aldea creen que ahí acaba la historia de Gilgamesh, y pasan meses intentando explicar el estúpido final de la misma. Al final, uno de ellos crea la religión: la muerte del protagonista tuvo un sentido. No importa cuál ahora: garantizar las cosechas del próximo año, redimir nuestros pecados, hacer que el Sol siga alumbrando. ¡Qué más da! Y todo esto gracias a la verdadera tragedia de un cocodrilo cuya cena estaba rellena de mierda.

El final de San Marcos

... y cumplió lo prometido.En mi opinión, algo parecido debió ocurrir para que surgiese el cristianismo. El malogrado Marcos escribía su evangelio a altas horas de la noche cuando sintió la inexcusable llamada de la parte menos noble de su naturaleza. Corrió a la letrina comunal, pero con tan mala pata que cayó en el fondo del agujero. Nadie le echó de menos al día siguiente, y el cadáver desnucado quedó cubierto con los copiosos excrementos de sus incontinentes vecinos.
Para desgracia de los paganos, alguien descubrió, días más tarde, el manuscrito incompleto, y se dio cuenta de su potencial para fundar una secta. Calladamente, pergeñó unos cuantos versículos para terminar la historia. Esto no me lo estoy inventando: el evangelio de San Marcos no sólo omite cualquier referencia a un nacimiento virginal, sino que se ha descubierto que los actuales versículos del nueve al veinte del último capítulo son un añadido posterior. Estos versículos son los que, precisamente, hablan de la Resurrección: el versículo octavo termina con tres mujeres, incluida la Magdalena, que se asoman, muy acojonaditas las pobres, a una tumba vacía.
El mercenario que terminó el primer evangelio no era muy habilidoso. ¿Se le ha ocurrido pensar en lo que podrían haber hecho Homero o Alejandro Dumas de haberse encontrado en su lugar? He aquí algunas ideas al respecto:
A Jesús, como es natural, lo crucifican en las vísperas de un día festivo, lo cual ya es motivo suficiente para cabrearse. Antes, lo azotan, le ponen una corona de espinas, y encima pierde un concurso de popularidad con un tal Barrabás. Para colmo, lo cuelgan entre dos manguis, y uno de ellos se pasa la tarde dándole la brasa con el Reino de los Cielos (era testigo de Jehová).
Es poco probable que Marcos pretendiese matar realmente a Jesús. Es cierto que el Mesías tiene algunos superpoderes en su historia, pero no tantos como para resucitar a un muerto que llevaba tres días fermentándose. Y es una opinión personal, pero por resucitarte a ti mismo a los tres días seguro que dan más puntos que por revivir a otro. De modo que supondremos que, aunque parecía más muerto que el pavo de Acción de Gracias, Nuestro Salvador estaba mal herido, disimulando sus constantes vitales gracias a sus conocimientos del yoga saduceo. De manera que cuando José de Arimatea, que estaba en el ajo, destapó la tumba, le bastó un par de bofetadas para despertar a Nuestro Señor, que murmuró:
- Pepe, mamonazo, si pudiese moverme te ibas a enterar...
Pepe cargó con el no-muerto a cuestas, y lo llevó a casa de Lucas, que era médico, para que le hiciera algunos arreglillos. Y así pasaron unos cuantos meses.
Un hermoso día de verano, Jesús abrió por fin la puerta de casa de Lucas, y salió a la calle. Iba cojeando un poco, por culpa de la lanzada en las costillas y albergaba en Su Santo Pecho un cabreo monumental. Enfiló la burra hacia el barrio romano, mientras consultaba la dirección del chalet de Poncio Pilato que San Matías El Chivato le había apuntado en la palma de la mano. Al llegar a su destino, se deslizó sigilosamente al patio trasero, y trepó por una higuera hasta el dormitorio del prefecto de Judea. Una sorpresa le aguardaba:
- ¡María Magdalena! – exclamó el Mesías.
- ¡Jesús! – respondió, asustada, la susodicha.
- ¡La Virgen! – profirió Pilatos, poniéndose los calzoncillos.
La pecadora intentó disculparse mientras se ponía la túnica:
- Mi Señor, es que mi carne es débil, ¡pero te juro que mi espíritu es fuerte!
- ¡Serás puta! – replicó Jesús de Nazaret, sacudiendo la cabeza con amargura – ¡Vete, y no vuelvas a pecar... sobre todo porque no podrás!
Y haciendo uso de sus superpoderes, le contagió a distancia el primer herpes genital de la historia. Si lee con atención el Antiguo Testamento, verá que no se habla, para nada, del herpes genital, pero sí de la lepra, de modo que el herpes es un milagro posterior.
La Magdalena abandonó la habitación a duras penas, llorando por sus dolores, y Jesús se abalanzó sobre Pilatos, agarrándole por el pescuezo. El Prefecto tuvo tiempo para susurrar:
- Pero, Señor, ¿acaso no predicabas lo de poner la otra mejilla!
- ¡La otra polla pondría, si tuvieses dos ojos en el culo, truhán!
A continuación, rebanó las orejas del romano, y sus testículos, y los arrojó a los cerdos. Las margaritas y las perlas no, pero sí que está bien arrojar los cojones de Pilatos a los gorrinos. De propina, el Hijo de Dios convirtió a Pilatos en obsesivo-compulsivo, condenándole así a lavarse las manos constantemente, per secula seculorum. Chúpate esa, Conde de Montecristo.
Luego, Nuestro Salvador empuñó la lanza del destino y salió a por Judas...

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jueves, octubre 30, 2008

Y mientras tanto, en Ancapia...

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martes, agosto 05, 2008

Pesadillas

Si entras de madrugada en el cuarto de baño, te pones frente al espejo, apagas la luz y repites solemnemente Bloody Mary cuatro veces, a la vez que giras tres veces, oirás sonar una débil campanilla, y en el otro lado del espejo surgirá el fantasma de una de las gemelas Olsen sin depilar... supongo que la mala... bueno, digamos que la que se parece al Joker... maquillándose mientras canta una canción de Disney sobre el amor, el infierno y esas cosas.
Pero tenga cuidado de no dar cuatro vueltas, pues entonces aparecería Cristina Holstein-Schligtin en lencería y con una bolsa para enemas como estandarte, chillando penitenciágite! y enumerando las virtudes políticas de Mariano Rajoy. Y si, ya puestos, das las cinco vueltas, convocarías al fantasma, atormentado por el sarpullido, de Iker Jiménez, que te explicaría entonces las otras dos apariciones y cinco más que te has perdido por cobarde. Es como pulsar F1 en el mundo del ectoplasma...
Disclaimer: Consulte con su cardiólogo antes de hacer el experimento.
Nota aclaratoria: la Holstein no necesita depilarse porque sus pelos tardan una eternidad en perforar la gruesa epidermis.

Por cierto, y lo siento por los patriotas, esto es una parida en toda regla:
Está bien que tu país te admire,
pero es mucho mejor que el mundo admire a tu país.
¡Qué coño! Lo único mejor que tu país te admire, es que te admire el mundo entero, mamonazo. Se le puede perdonar a Gasol la chorrada porque Gasol es un tipo con una habilidad extraordinaria; sobrevalorada, en mi nada humilde opinión, pero ahí están los hechos. Se comprende que el arrebato de ñoñería patriótica le haya podido tras años de lidiar con los problemas de muchos americanos para distinguir entre España y México... al igual que los españolitos tienen problemas para distinguir a una hoser de una maciza americana criada con pastel de manzana y mantequilla de cacahuete.
Me da igual. Yo, con la admiración del mundo por mi país, me limpio las membranas del forro de mis cojones.

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lunes, julio 14, 2008

Doblando cucharas

¿Sabía usted que Gregory House... en realidad, el actor Hugh Laurie, es un experto "doblador de cucharas"? No se pierda el testimonio:

Y hablando de artistas, aquí tiene una rara instantánea en la que un ayudante sostiene a Sebastian, la serpiente pitón que es el daemon personal de Pepe Erre.
A chip off the same old block

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jueves, mayo 01, 2008

Brumaire, o Herbistmanoth

Floreal, Mayo, Wonnemanoth o Follembre: usted elige...Es verdad: no me gustan las revoluciones, particularmente la francesa. Es un prejuicio que comparto con la beatería indígena. En algún punto, no obstante, nuestras opiniones divergen: ellos terminan culpando de la misma a la famosa conspiración hebreomasónica, mientras que yo reparto culpas y fatalidades a diestra y siniestra. Lo contrario de un error es otro error, como decía aquel cabronazo de Schlegel.
Dentro de los detalles más o menos pintorescos de aquel follonazo revolucionario, se cuenta el cambio de nombre de los meses. Para curandros y paleoconservadores patrios, se trata de una demostración de los extremos ridículos a que se llega cuando alguien quiere cambiar de lugar alguna mierdecilla de rana en el estanque de Shrek. Se comienza cambiando el sistema métrico, según esta corriente de opinión, y se termina criando malvas en la isla de Santa Elena.
Me ha hecho gracia descubrir que la manía de cambiar los nombres de los meses romanos no sólo ha afectado a ateos y jacobinos. Entre los afectados se encuentra, nada y nada menos, que Carlitos Magno, el muy santurrón; es cierto que algún descendiente suyo tuvo algún rifirrafe con la fauna vaticana, pero el propio Chuck sigue teniendo una reputación impecable, a pesar de algún intento de apropiación por esa cosa de Bruselas. Pues bien, el susodicho Carlos tuvo la ocurrencia de cambiar los nombres de los meses para adaptarlos al calendario agrícola teutón. Y como los alemanes suelen ser los últimos en darse cuenta de que se ha acabado una fiesta (los españoles, en cambio, somos los últimos en llegar), parece ser que estos nombres estuvieron en uso hasta finales del siglo XVIII. Estos son los nombres, y sus respectivas etimologías, al menos de acuerdo a la Wiki:
Wintarmanoth (winter month), Hornung (the month when the male red deer sheds its antlers), Lentzinmanoth (Lent month), Ostarmanoth (Easter month), Wonnemanoth (love-making month), Brachmanoth (plowing month), Heuvimanoth (hay month), Aranmanoth (harvest month), Witumanoth (wood month), Windumemanoth (vintage month), Herbistmanoth (autumn/harvest month), and Heilagmanoth (holy month).
Me hace gracia lo de Hornung: aparentemente, el mes en que el ciervo rojo pierde sus cuernos. Supongo que le crecerán durante Wonnemanoth.
Feliz Follembre, camaradas...

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miércoles, febrero 27, 2008

El test de Radamanto

Serie sacrílega, pero que ensalza los valores familiares

... and his eyes have all the seeming of a demon that it's dreaming.Durante mucho tiempo, a Satanás le resultó imposible distinguir a los cristianos que le llegaban de los nuevos musulmanes. La primera idea que ensayó fue colocar una Biblia y un Corán sobre una piedra, a la entrada del Infierno. Pensaba el Astuto que cada cuál cogería el libro que le correspondía, de manera que sería fácil clasificarlos. Pero este plan diabólico falló. El creyente que llegaba y olfateaba el azufre se decía que algo muy chungo tenía que haber hecho para que ahora lo castigasen… y elegía casi siempre el libro contrario al que había seguido en vida. Si al menos hubiese sido una elección sistemática, habría valido como prueba, pero muchos se decían que, si ya estaban condenados, ¿para qué seguirse complicando la otra vida con Mecas y Constantinoplas? Y pasaban de largo ante los dos libros.
Luego de un par de siglos de caos en el Departamento de Recepción y Clasificación, un demonio muy cuco, llamado Radamanto, dio con una solución casi perfecta: descubrió que la mayoría de los pecadores eran, o cínicos, o hipócritas. Los cínicos eran los musulmanes, y los hipócritas, los cristianos. La forma de aplicar la prueba era también interesante. Cuando llegaba el condenado, buscaban a su madre entre las almas reclusas, la rejuvenecían temporalmente hasta lograr que pareciese una rosa del Nilo y la encerraban desnuda en una habitación, con el recién llegado. En cuanto éste le ponía una mano en las tetas, salía Radamanto de detrás de las cortinas y gritaba:
– ¡Ja, ja, le estás tocando las tetas a tu madre!
Los musulmanes casi siempre respondían:
– ¡Loado sea Alá!
El buen cristiano se lamentaba invariablemente:
– ¡Oh, pecador de mí, qué he hecho! – pero seguía sobando las suculentas ubres.
Muy de cuando en cuando, alguno se apartaba genuinamente horrorizado ante la revelación. Estos eran los casos más puñeteros, pues quería decir que el recién llegado no era un auténtico motherfucker, y eso significaba semanas y semanas de papeleo para devolver el inocente al cielo, junto con la madre que lo parió. También era un problema cuando no encontraban el alma de la madre del condenado, pero era un caso poco frecuente, pues casi todos los nuevos internos eran unos verdaderos hijos de puta.
Mil años más tarde, en el Infierno se seguía utilizando el Test de Radamanto para distinguir nazis de comunistas: esta vez, los nazis eran los cínicos, y los comunistas, los hipocritones. Y naturalmente, seguía habiendo excepciones, como aquel judío norteamericano que, pillado con un pezón dentro de la boca, exclamó indignado cuando le revelaron la verdad sobre la propietaria de la teta:
– ¡Panda de cabrones! ¡Espero que la bromita no vaya con cargo al contribuyente!
Los demonios se asustaron y lo enviaron inmediatamente al Paraíso.

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lunes, diciembre 31, 2007

Paganos

A su imagen y arácnida semejanza...Se aprende más sobre la evolución examinando aquello que no funciona, llámese el pulgar del panda o el chorrificio[1] de la almeja pocha. Se estudia mejor la historia de un idioma si nos fijamos en sus verbos irregulares. Y es que aquello que desentona es, con frecuencia un recuerdo petrificado de otros tiempos.
¿Cómo es que el 1 de enero escapó al celo cristianizador de la IntBisCo medieval? En este caso, falla la regla del fósil. La única particularidad del mes de enero es que marcaba el inicio del mandato de los cónsules romanos, de manera que IntBisCo poco tenía que preocuparse. Son modernas todas las tonterías sobre uvas de la buena suerte, las bragas bermellón, y las leyendas sobre barcos fantasmas en los que una orquesta de condenados toca Auld Lang Syne una y otra vez hasta el Día del Juicio Final.
¿Cómo podríamos cristianizar este agujero negro en el asfixiante tejido de la tradición? Veamos: Jesusito nació, o eso dicen, el 25 de diciembre. Todos sabemos que no es así, pero finjamos, en aras de la convivencia. El Jefe no nació, o lo hizo cuando el Big Bang: en todo caso, no se le puede asignar una fecha de nacimiento, y tampoco importa demasiado, porque de Él ya casi nadie se acuerda. La virgen multípara ya también tiene su cumple. Pues, coño, ¡nos queda el Espíritu Santo! Digamos que el Espíritu Santo nació un 1 de enero, y que ese día celebramos su eclosión del huevo. Porque no olvidemos que el Espiritito es una palomita, y que yo sepa...
Es curioso comprobar el efecto de todas estas tonterías en una mente infantil (asumo que usted ya ha olvidado el efecto que tuvieron en la suya). La pasada nochebuena, mientras mi sobrina cantaba villancicos para amenizar la ceremonia del engullimiento del turrón, mi sobrino, que es más pequeño, quizo aportar lo suyo, y se trajo un dibujo sobre brujas y vampiros que había hecho por Halloween. La familia se sorprendió y escandalizó, pero es porque no comprendieron el funcionamiento de la inocente mente del niño: ¿no estábamos celebrando el cumple del Hijo de Dios? Pues, joder, ¿por qué no acordarnos del natalicio de su hermano Lucy? Al fin y al cabo, el viejo Nick será un hideputa, pero también es hijo directo del Señor.

Nota: un chorrificio es un orificio por el que sale un chorro.

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lunes, octubre 15, 2007

El átomo de Bohring

Por supuesto que todos tenemos fe en algo. Esta es una parte muy importante de mi credo:
Creo que el mundo es "explicable".
El fascinante mundo de las partículas subatómicas
Parece simple, incluso trivial, pero pronunciada por un ciberspinozista panenteísta, la frase tiene mucha trampa. Y es que donde he puesto explicable, debería haber escrito computable. Sería mucho más exacto... pero supongo que seguirá pareciendo oscuro. Demos, entonces, un paso más hacia la luz:
Creo en un Universo algorítmicamente computable.
No se trata sólo de un Universo sujeto a leyes: mi proposición habla de la forma específica de esas leyes, y no se reduce al determinismo laplaceano. La idea del Universo como algoritmo, según la persona, puede sonar pueril o absurda. En ambos caso, la persona es presa del "fetichismo del Cálculo". Desde Newton, nos hemos acostumbrado a pensar en la Física como el resultado de unas ecuaciones diferenciales que describen un continuo. Incluso la Mecánica Cuántica parte de ecuaciones de este tipo antes de llegar a sus resultados discretos. Sin embargo, las leyes de Newton describen una sencilla simulación algorítmica: qué le ocurre a una partícula puntual que sufre una aceleración durante un intervalo de tiempo infinitesimal. La Mecánica Cuántica, a pesar de su extrañeza, no es muy diferente; si no me cree, consúltelo con Richard Feynman.

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sábado, octubre 13, 2007

emmrstyy

SymmetryEn uno de los afluentes más extraños de este multiverso, Adán Cudeiro no fue un gallego de Pontevedra, sino un perfecto gentleman victoriano. Un buen día despertó bajo un árbol, con un dolor quemante en donde antes le sobraba una costilla. Se incorporó y descubrió, para sorpresa suya, la presencia de una hermosa dama desnuda. Como el exquisito caballero que era, se presentó:
- Madam, I'm Adam.
Y ella, sonrojándose con toda su blanca piel, le respondió lo más apropiado, dadas las circunstancias:
- Eve.

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viernes, septiembre 21, 2007

Preludio a la inversión de los valores

Hace poco, en las primeras páginas de una colección de cuentos de terror, encontraba esta simpática parodia, atribuida a Olaus Wormius, el traductor latino del Necronomicon:
Cthulhu noster qui es in maribus,
Sanctificetur nomen tuum.
Adveniat regnum tuum
Fiat voluntas tua sicut in R’lyeh et in Yha-nthlei.
Recordé entonces un pequeño cuento mío, El Gusano, que al parecer no gustó a muchos. El relato terminaba con mi propia versión del Padrenuestro, aunque cambiando el sexo del progenitor:
Madre Eterna que habitas mis sueños:
Bendito sea el corrupto fruto de Tu Vientre.
Pues sólo de Lo Corrupto y burbujeante surge La Vida,
Y fuera de Tu Vientre sólo hay Dolor.
Iä, iä, Cthulhu fhtagn!Técnicamente, el cuento no es gran cosa: lo escribí de un tirón, en una tarde, y ni siquiera lo corregí. Lo que me pareció, y me sigue pareciendo interesante es la idea que desarrolla. Se trataría de una inversión del mito de Cthulhu. El pulpo demoníaco, en mi versión, no sería ni lo primero ni lo segundo, sino una especie de Prometeo que, durante eones, se habría alimentado de la materia cerebral de ciertos “ángeles”, adquiriendo fuerzas y conocimientos extraordinarios gracias a su dieta. En cierto momento, habría desafiado directamente al poder angélico, y estos lo habrían condenado al encierro subterráneo en un planeta remoto, pero algo familiar para el lector. Mi Cthulhu sería el verdadero creador de la Humanidad, a su imagen y semejanza, y todas las historias sobre cefalópodos malignos serían mera propaganda de sus adversarios. Teniendo en cuenta el manoseo indiscriminado que han sufrido los mitos de Lovecraft, no me pareció tan mala esta variación.
La idea de una inversión de valores arrastra muy mala fama, por culpa de Nietzsche. Sería demasiado laborioso explicar la idea del alemán, por lo que ni siquiera lo intentaré. Nietzsche pretendía que la inversión de los valores era un hecho histórico, extendido a lo largo de unos pocos siglos. Naturalmente, nunca hubo tal cosa, porque nunca ha existido una Edad de Oro en la que los “valores” estuviesen con la cabeza hacia arriba y los pies en el suelo.
Here we go round the mulberry bush...¿De dónde sacó Nietzsche su idea? Probablemente, de la historia que por entonces se conocía sobre Zarathustra y el zoroastrismo. Los prólogos baratos al Also Sprach suelen explicar la referencia a Zarathustra mediante el sistema dualista que habría inventado el viejo profeta. Tienen razón, pero sólo en muy pequeña parte, pues la realidad está tejida con muchos más mimbres. Y sí, en efecto, en aquellos remotos tiempos, se produjo una extraña inversión de los valores, aunque no del tipo que convenía a las teorías del filósofo.
Si logro apartar el tiempo necesario, intentaré explicar algunos de los hilos que se dejan los prologuistas de alquiler. La historia tratará sobre devas y asuras, y también sobre ahuras y devas. Y también sobre el sánscrito y el avéstico, sobre Anquetil du Perron, e incluso sobre el famoso molino de Hamlet. Muchos de esos hilos se alargan hasta nuestros días, y son necesarios para comprender el tejido de nuestra propia realidad.
Si este artículo es el preludio, el siguiente tendrá que ser una fuga.
... y ahora, el minuto cultureta. En mi cuento, contaba:
Conocí secretos blasfemos sobre este Universo, como su creación en un alarde de soberbia del impío Demiurgo, encarnado en un reptil, y qué horror innominable se esconde dentro de la nebulosa del Escorpión, esperando el fin de los tiempos.
Ejem... ¿qué pinta la constelación del Escorpión en todo esto?

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domingo, septiembre 02, 2007

La Creación de Eva María

Serie sacrílega, pero que ensalza los valores familiares

Dios, envuelto en su majestuosa colcha de materia oscura, se revolvía sin lograr conciliar el sueño. Sofía finalmente suspiró, se incorporó en el lecho y le preguntó qué pasaba:
- El Homo Sapiens, cariño, el Homo Sapiens me tiene hasta la partícula de Higgs.
Y le contó sus cuitas con Adán Cudeiro, y su intención de pulsar el botón reset y comenzar la Creación desde cero. Luego dijo ¡ay!, y se quedó mirando fijamente hacia la nebulosa de Andrómeda.
Pero Sofía, por fortuna, no era partidaria de tomarse las cosas tan a la tremenda. Tras aliviar y reafirmar un poco el dolido ego divino, prometió echar un vistazo al día siguiente y ver si se podía reparar el desastre. Siempre habría tiempo para mandar el mundo a la mierda.
La Creación de Eva MaríaNo había aún amanecido, cuando ya Sofía observaba discretamente las actividades de Adán Cudeiro en el Paraíso gallego. Adán dormía despatarrado sobre una roca musgosa, llena de restos de cacahuetes y semillas de girasol, mientras un hilillo de saliva humedecía su mejilla poblada con una descuidada barba de dos semanas. A eso de las siete de la mañana, el primer Homo Sapiens se dio la vuelta sobre su lado derecho, acompañando el giro con un sonoro pedo. A eso de las ocho de las mañana, abrió los ojos legañosos, apartó la calabaza llena de zumo de uva fermentado de una patada y regocijó su espíritu con otro pedo espantoso que removió los guijarros en dos metros a la redonda. Luego se levantó y se puso de espalda, con la cara contra la pared de la cueva. Agarró su encogido apéndice urinario con la derecha y comenzó a dibujar su cara en la pared de la cueva con el líquido que brotaba a presión del órgano. Culminó la operación con otro pedo y una concienzuda sacudida del miembro. Luego se rascó, en este orden, el sobaco izquierdo, el riñón derecho, el occipucio y… perdonad que os ahorre el detalle. Finalmente, se olió la mano, hizo una mueca, bostezó y dijo algo que sonó como:
- Errr... hummm... ñamñak... ahhhhhhhggg...
Un caso perdido, se dijo Sofía, mientras Adán descubría su propia sombra sobre la hierba y se dedicaba a perseguirla entre gritos e insultos. Pero al menos ya había encontrado la causa del fallo: Dios había cometido con Adán el mismo error que con los insectos.
Al crear a los insectos, sus animales preferidos, el Altísimo había experimentado con exoesqueletos. El exoesqueleto es una especie de armadura que protege a su blando portador de accidentes y ataques de depredadores. Una buena idea, en apariencia, pero limitaba las posibilidades de crecimiento del pobre animalito. Al crear el siguiente grupo de animales, la idea había sido descartada, a favor del uso de esqueletos internos.
Sin embargo, al diseñar al señor Cudeiro, el Creador se percató de la fragilidad del ordenador de a bordo del extraño animal, y recurrió a una pequeña chapuza: rodear el ordenador de hueso duro. El problema era evidente: la bóveda craneal impedía el crecimiento del cerebro de Adán Cudeiro. Puede que mil quinientos centímetros cúbicos fuesen suficientes para tirarse pedos, dibujar figuras con la orina y rascarse todo lo rascable, pero no para descubrir el fuego o aprender a freír huevos.
De manera que Sofía se remangó, metafóricamente hablando, y decidió crear el primer animal inteligente del planeta. Para ello, extrajo un poco de materia gris del cráneo de Adán, dejándolo un poco más tonto que antes, y a partir de ella comenzó a moldear una figura más mullida y proporcionada que la construida por el Altísimo.
La decisión de SofíaLa solución de Sofía para alojar un cerebro más grande fue sorprendente: duplicó la capacidad de cálculo diseñando un encéfalo con cuatro hemisferios en vez de sólo dos. Naturalmente, el nuevo dispositivo no iba a caber en el cráneo, por lo que dotó a la nueva especie de dos receptáculos suaves a la altura del tórax, y ahí situó los dos hemisferios adicionales, que al no estar constreñidos, podrían crecer todo lo que necesitasen. Estos hemisferios, al estar más cerca del corazón, estarían mejor irrigados que los hemisferios superiores. El dispositivo fue bautizado tetraencéfalo, aunque con el tiempo, sumerios y lacedemonios lo abreviaron, dejándolo en tetras, palabra que finalmente degeneró transformándose en tetas. Cuando un hombre fija su mirada en el tetraencéfalo de una dama, lo hace para expresar su admiración por la superior capacidad intelectual de ésta. Cuando una madre amamanta a su hijo, le transmite parte de su inteligencia a través de sus neurotransmisores tetraencefálicos, vulgarmente conocidos como leche materna.
Tras terminar con el tetraencéfalo, tuvo que aplicar algunos retoques. Para equilibrar la figura y evitar que se fuese de bruces por el peso adicional, la divina consorte agrandó el culo de la criatura. Acortando su estatura, la hizo más estable al dotarla de un centro de gravedad más bajo. Cuando estaba a punto de terminar, Sofía recordó el desagradable espectáculo del dibujo con orina, y eliminó el apéndice urinario de la nueva criatura, para que no imitase el grosero comportamiento de su futuro compañero. Entonces, Sofía se alejó unos pasos, vio que lo había hecho bien, y decidió ponerle nombre a su creación.
Se inclinó sobre su obra, y sopló suavemente dentro de la pequeña y delicada nariz. Luego, apartando los dorados cabellos, susurró su nombre al oído: Eva María... La criatura se estremeció al cobrar consciencia de sí misma, y se incorporó, un poco confundida. A continuación, estiró sus torneados miembros y se fue a buscar el sol en la playa...

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miércoles, julio 18, 2007

Homer contra el Gigante

Homer se pregunta qué dirá Pepe R.Como parte de la inevitable publicidad de la película de los Simpsons, a alguien se le ocurrió pintar un Homer gigante en una colina de Dorset, junto a un dibujo ya existente, de un gigante con una erección que amenaza con llegarle a la tráquea.
El gigante empalmado, en realidad, es obra del siglo XVII: probablemente es una burla sobre Cromwell, a quien llamaban "el Hércules inglés". Y en efecto, hay indicios de que la imagen iba a tener una especie de piel (la del León de Nemea) en su mano izquierda, como en las representaciones clásicas del señor Heracles.
Peeeeeeero... era demasiado pedirle a neopaganos y newagers que desperdiciasen tamaña oportunidad de hacer el ridículo. Para todos los wackos y chalados de las cercanías, la imagen representa una especie de divinidad neolítica asociada al culto de la fertilidad. Y claro, ¿quién no armaría un escándalo, viendo cómo se ponen los hijos de Alá por una caricatura, o Pepe Ratzinger porque un actor lo parodia en la tele italiana? Ya han dicho que se trata de un sacrílego sacrilegio.
Sin embargo, nuestros wackos han tenido un mínimo de dignidad, si los comparamos con... eh, eh, no voy a señalar a nadie. Estos paganinis al menos no sienten vergüenza de reconocer que creen en la magia potagia, y han advertido que van a efectuar cuantos conjuros sean necesarios para que llueva sobre Albión y la afrenta americana sea barrida from England's green and pleasant lands. Escuche... o más bien, lea:
- We'll be doing some rain magic to bring the rain and wash it away.
Pero les ocurre lo mismo que a Winnie the Pooh, que aprieta los párpados mientras se queja: "pienso... pienso... ¡pero no pasa nada!".
Según la Biblia, en cierta ocasión, Elías desafió a los sacerdotes de Baal a una especie de duelo harrypoteriano. Montaron unos altares para sacrificio en unas colinas, e invitaron al rey y su corte. Ganaba quien lograse encender el altar sin usar las manos. Los del equipo de Baal no lo lograron, ni de coña. Elías, sin embargo, rezó tan convincentemente, que el mismísimo YHWH lanzó un rayo que no sólo consumió el sacrificio, sino que de paso se cargó a la competencia. Al rey se le desencajó la mandíbula, al contemplar el milagro que ocurría sobre las colinas y a lo lejos, y ni todos los hombres ni los caballos del rey pudieron colocar el maxilar de vuelta en su lugar.
¿Cree usted que Pepe Ratzinger aceptaría un desafío parecido? Permítame dudarlo. Me gustaría saber cuántos de quienes se llaman "cristianos" creen realmente que les mueve un alma vaporosa que se escapa hacia el cielo cuando la palmamos, y que durante la misa, los conjuros del druida oficiante transforman una galletita en la carne del Número Dos. Al menos, cuando se trata de discutir racionalmente, intentan postergar tal reconocimiento todo lo posible. Y lo digo por experiencias recientes...

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domingo, julio 15, 2007

Ítaca

Deja que las sirenas canten para ti, pero antes, átate al mástil.Todo hombre que merezca su nombre es Ulises. Todo hombre que ha vivido ha sido Edmundo Dantés. No importa lo que dispongan Zeus y Poseidón, Bonaparte o algún Borbón. Todos navegamos desesperadamente en busca de Ítaca o Marsella, para reunirnos con los nuestros, para reclamar lo nuestro.
Todo hombre de verdad anhela, en algún momento, regresar a casa. Aunque no sepa aún dónde ésta está.

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jueves, julio 12, 2007

La Creación de Adán Cudeiro

Serie sacrílega, pero que ensalza los valores familiares

La Creación de Adán CudeiroDios, naturalmente, tenía grandes planes. Había decidido descansar el sábado y pegarse un garbeo por la undécima dimensión el domingo. Pero del lunes al viernes tocaba organizar este Universo, y eso requería un jaleo considerable. De manera que comenzó creando personal en el que poder delegar. Y así creó toda la burocracia celeste de ángeles, querubines, serafines, cataplines y diablillos bermejos. Cuando ensambló el último par de alas en la espalda del último angelote, se dio cuenta que en su empresa sobraban oficiales y faltaban soldados. Entonces decidió crear la Humanidad.
Se montó en un meteorito y se apeó cerca de la desembocadura de la ría de Arosa. Se ató el pelo y las barbas, se remangó la túnica y recogió arcilla para moldearla con sus Divinas Manos y transformarla en la Primera Criatura Humana. Comenzó por los pies, primero el derecho. Al cabo de tres horas ya tenía la uña del pulgar del pie derecho y un dolor espantoso en la zona lumbar. Decidió que aquella no era forma de crear la Humanidad, y en su Omnisciencia, eligió un camino más digno y apropiado.
Esta vez sacó de una bolsita un poco de polvo de protoplasma rico en aminoácidos y lo vertió en la ría, para que lo arrastrase al cercano océano, y a la caliente Corriente del Golfo, que muy cerca pasaba. Añadió un poco de ácido ribonucleico y unos raros catalizadores, agitó, sopló y luego se marchó a dar una vuelta a ver cómo iban las cosas por la Vía Láctea.Behemot y Leviathan, según William Blake. Observe que Leviathan está muerto... de risa, según parece. Aprovechó el paseíllo espacial para matar a una especie de cocodrilo biónico llamado Leviatán que sólo servía para dar el coñazo, y para encerrar en un corral a un caballo obeso con cara de hipopótamo y pezuñas de elefante, al que llamaban Behemot. Si cree que me lo estoy inventando, le aconsejo que lea el libro de los Salmos, capítulo 74, versículo 14, y comprobará que nuestro Creador se divertía bastante cazando monstruos en algún momento de su larga carrera. Lo que no es cierto es que le haya disparado alguna vez a un oso emborrachado con vodka. Es mentira cochina.
Se llevó una sorpresa cuando regresó a la Tierra. Al parecer, tras unos minutos de aparente calma, de los mares brotaron criaturas de todo tipo, que se devoraban las unas a las otras con gran entusiasmo. Algunas escaparon a tierra firme para transformarse, primero en gigantescas ranas voladoras con colmillos en sus lenguas retractiles, y luego en feroces dinosaurios. Pero una pequeña especie de ratas carroñeras se había apoderado finalmente de la faz de la tierra, y había aprendido a comerse al resto de los bichos de la creación.
Dios, sorprendido por la ferocidad de la nueva especie, pilló a la primera rata primate que se puso a su alcance y le sopló su Aliento divino en las mismísimas narices. A continuación, le bendijo:
- Te llamarás Adán Cudeiro.
Y la Primera Criatura le respondió en protogallego:
- Bueeeno...
Luego, Dios intentó que Adán diese nombre a las bestias que cabalgaban, volaban y se arrastraban sobre el valiente nuevo mundo. Convocó a una noble criatura cuadrúpeda, de airosas crines y se la mostró al Hombre, diciéndole:
- ¡Oh, Adán! ¡Dale un nombre a esta hermosa bestia! – pero el gallego callaba, atónito, y el Creador decidió echarle una mano – La podemos llamar Caaaaa... - Adán Cudeiro seguía con la mirada perdida – Caaaabbaaaa... - ni un signo de comprensión en el rostro del primate – Caaaabaaaallll... ¡¡¡Caballo, coño!!! – exclamó exasperado.
Pero inmediatamente se arrepintió de su cólera y volvió a los buenos modales con el aterrorizado gallego:
- ¿Qué te parece “caballo”? ¿Crees que es un nombre apropiado?
Adán Cudeiro respondió, enigmáticamente:
- Puede que síiii... y puede que noooo...
Y Dios se mesó los cabellos, desesperado. Algo había fallado en el plan divino...

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Sofía

Serie sacrílega, pero que ensalza los valores familiares.

Merecía la pena transformar el Espíritu Santo en Sofía (a.k.a. Tinker Bell)Al día siguiente, cuando Dios Padre regresó a casa tras reparar un par de agujeros negros, le esperaba un pequeño drama familiar.
La Galaxia estaba patas arribas. Había restos carbonizados de supernovas por toda la órbita galáctica. La Tierra, un planeta para el cuál tenía grandes planes, se había pegado una tremenda leche y ahora giraba con el eje inclinado unos veintitantos grados. Había dos manchones negros en forma de nebulosas, por donde quedan ahora las Nubes de Magallanes. Y lo peor de todo era la pátina mugrosa de la radiación relicta, que parecía no desaparecer ni con lejía de neutrinos.
Dios Hijo apareció en escena, sonriendo y con toda la boca manchada con una sustancia pegajosa de color marrón. La energía normalmente azulada del Todopoderoso comenzó a desplazarse hacia el extremo rojo del espectro. Conteniendo la Ira Divina, preguntó a su retoño:
- ¿Qué hostias comes?
– Coccholatte... – dijo el Hijo con la lengua aún pegajosa – ¿quieres? – y le ofreció la emporcada cuchara que había estado lamiendo.
Pero el Espíritu Santo se adelantó corriendo, pegó un salto y se llevó la cuchara en la boca, destrozando un par de enanas amarillas en su carrera.
El aura paterna se desplazó está vez hacia el violeta con tanta violencia que el Hijo pensó que al Padre le iba a dar un jamacuco celestial. El viejo se desplomó sobre un cómodo sistema binario, y se llevó las manos a la cabeza.
– Esto no puede seguir así, Hijo. Necesitas alguien que te ponga algo de disciplina, y yo necesito alguien que ponga un poco de orden por aquí.
El Hijo miraba como si le estuviesen hablando en arameo.
– Necesitamos una mujer en casa.
Y el Hijo, como si no fuese con él.
– Una hembra... – se dijo el Altísimo. Luego se incorporó y silbó – ¡Swishhhhhh! ¡Eh, bonito, ven acá!
El Hijo comenzó a sospechar que iba a pasar algo malo cuando el Espíritu Santo se acercó olisqueando y moviendo la cola.
– Ven aquí, chucho, bonito... – pero el Espíritu era vaporoso y resbalaba – ven, aquí te digo... ¡Aaaaay! – se lamentó el Padre de la repentina mordida – ¡Maldita comadreja! ¡Ya te tengo!
Ahora el Espíritu gruñía como un demonio e intentaba liberarse, pero el Padre lo mantenía bien sujeto. De repente, el Anciano se incorporó, con aspecto terrible, y de todas partes del Universo convergieron sobre él líneas de fuerzas zigzagueantes. Un fuerte viento solar agitó la cabellera divina, se oyó un trueno cercano, y el Padre exclamó con voz tonante:
–¡Bibiddi! ¡Bobiddi! ¡¡¡BOOO!!!
Un rayó alcanzó al tembloroso Espíritu Santo y lo lanzó al suelo, libre ya de las manos del Padre. Comenzó a gemir y a agitarse, mientras su ectoplasma se expandía y cambiaba alarmantemente de color: del ámbar al verde, del verde al violeta, y finalmente a un tono blanco con delicadas vetas de color rosa. Cuando la transmutación terminó, el Padre y el Hijo se encontraron frente a una hermosa hada ectoplasmática, que miraba confusa al uno y al otro.
– ¡Yo quiero a mi perro! – gimoteó el pequeño.
– No era un perro, hijo, sino una comadreja.
– ¡Pero era MI comadreja!
– Necesitas una madre – dijo el Padre con su tono de zanjar discusiones teológicas.
– ¿Por quéeee?
– Porque es un dogma, leches...
– ¿pero... POR QUÉEEEE? – y rompió a llorar y patalear.
A Dios se le agotaba la paciencia, y estaba ya dispuesto a terminar la discusión como siempre, con un Diluvio y unos azotes, cuando el hada se arrodilló junto al niño:
– Venga, mi chiquitín, no llores más. Ya verás que no es tan malo – y guiñó un ojo al Misericordioso – Te haré postres exquisitos, te contaré cuentos, curaré tus heridas y, cuando vayas a dormir, te arroparé y te cantaré una canción.
La bolita rosada se abrazó a la blanca y rosada, y la bola azul no creía lo que estaba presenciando… pero naturalmente, se alegraba. El hada lo miró y le dijo:
– Creo que necesito un nombre.
Dios Hijo se separó de su recién estrenada madre y comenzó a dar saltitos, mientras chillaba:
– ¡Tinker Bell! ¡Tinker Bell!
– ¡Nada de americanadas! ¡Esto es un asunto muy serio! – dijo el viejo. Luego tosió, para aclararse la voz, y preguntó tímidamente al hada – ¿Te gusta Sofía? Significa Sabiduría en uno de los idiomas que van a inventar los hombres de la Tierra – y añadió como excusándose – Es que me ha parecido que sabes mucho...
Sofía sonrió, asintió y continuó haciendo carantoñas al enfurruñado pequeño, que seguía prefiriendo Tinker Bell. Luego hizo un gesto al Padre de que podía seguir trabajando. Este se alejó, intentando no armar mucho ruido. Cuando estaba a punto de entrar en el agujero de gusano, se dio la vuelta y volvió a contemplar la escena. El niño se había dormido y la madre lo había acostado sobre la brillante nebulosa de Orión. Mientras lo arropaba, le susurraba una canción que hablaba de luces y cometas, y de estrellas que ardían en homenaje a su pequeño. Se dio cuenta de que el Padre la miraba desde lejos, y agitó un brazo con un gesto recién inventado, como una especie de saludo.
Y se dijo Dios que aquello era bueno.

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domingo, julio 08, 2007

En el principio...

Serie sacrílega, pero que ensalza los valores familiares

La Santísima Trinidad CosmológicaMe gustaría poder empezar esta historia como empiezan casi todas, hablando de un sol inclemente que provocaba desmayos entre los camellos, o de una noche de luna bajo la que se movían criaturas fantasmagóricas. Pero no puedo, porque cuando comenzó esta historia no había ni sol, ni luna, ni camellos. No había mar, ni tierra, ni aire. Se supone que ni siquiera existía este planeta. Porque mi historia comienza…

... en el principio

Aunque no del todo: el principio del todo fue posiblemente aquel follón del big-bang. Me refiero a cuando aún el mundo era un caos acuoso, y la sombra de Dios flotaba sobre la superficie de las aguas, mientras se escuchaba de fondo la música de las esferas, de un sospechoso parecido a la introducción de Zaratustra de Richard Wagner. Menos mal que aún no existían ni el Diablo ni Teddy Bautista.
Si está imaginando a Dios como un Ser Tremendo y Barbudo, se equivoca; ese es Zeus, y si tiene cuernos, seguro que se trata de Thor. El Ser Supremo tampoco se parecía al de los dibujos de Miguel Ángel, rodeado de ángeles en posturitas extrañas. Dios, el de verdad, era por aquel entonces una inmensa bola de fuego azul y frío, como la que mucho más tarde se le aparecería a Moisés. Como he dicho, la bola flotaba sobre las aguas que habían salido de no se sabe dónde, y mientras flotaba latía rítmicamente, como una muela inflamada.
De repente, ocurrió el Primer Milagro. La bola comenzó a latir como si estuviese fuera de control, y a aumentar y disminuir de tamaño a una velocidad alarmante, y en su superficie comenzaron a formarse remolinos y torbellinos caóticos. Cuando parecía que iba a estallar y que ahí se acababa toda la Historia, un destello de Luz cegadora inundó el Universo. Luego, cuando se apagaron los fuegos de artificio y retornó la calma, ya no había una gigantesca bola de fuego azul. Había más bien una gigantesca bola de fuego azul y una más pequeña de algo que parecía ectoplasma rosado. O algodón de azúcar y fresa.
– ¡Hijo! – tronó el Padre.
– ¡Pa-pá! – logró articular el Hijo, con voz infantil.
– ¡Swissshhhhhh!
El Padre y el Hijo giraron sus cabezas sorprendidos:
– ¿Qué coño ha sido eso? – dijo el más viejo de los dos.
– ¿Oño ha síoeso? – repitió el más joven con dificultad y desparpajo.
El viejo calló y examinó cuidadosamente el espacio cercano. El más joven fingió también que buscaba, pero se cuidaba mucho de meter las manos dentro de las nebulosas más densas, no fuese que hubiera algo dentro que mordiese, y no se separaba demasiado del gigante azul y redondo.
Al cabo de dos eones de búsqueda incansable (sólo descansaban los sábados), nuestros Seres primordiales se convencieron de que no había nada dañino en el Cosmos, aparte de ellos. Entonces volvieron a mirarse mutuamente, llenos de divina emoción:
– ¡Hijo! – dijo emocionado el Padre.
– ¡Papá! – respondió el Hijo, que ya había aprendido a hablar.
– ¡Swissshhhhhhhh-sh-sh-sh!
La bola rosada se había encaramado de un salto sobre el polo norte de la bola azul, y temblaba como una hoja. Una hoja divina, claro. La bola azul se lo sacudió bruscamente de encima, y gritó al vacío:
– ¿Quién eres, maldito? ¿Qué quieres?
Como el nuestro es un universo cerrado con métrica de Robertson-Walker, sólo respondió el eco, al cabo de unos pocos millones de años. Y luego, otra vez:
– ¡Swissssshhhhh-shhhhh-swishhhhhhhhh!
Pero está vez, el Padre pudo distinguir con claridad de dónde provenía el sonido:
– ¡Ajá! – exclamó, y levantó la bola rosada con uno de sus Divinos Tentáculos.
Debajo del Hijo había un ser inclasificable… bueno, era otra bola ectoplásmica, pero de colores juguetones, que meneaba alegremente un seudópodo ambarino.
– ¡Cagonlaleche! ¡El Espíritu Santo! – cayó el viejo en cuenta.
– ¿Puedo quedármelo, Papá, puedo quedármelo?
El Espíritu Santo seguía agitando la colita, y ahora su ectoplasma destellaba como las luces de una discoteca.
– ¿Puedo? ¿Eh, puedo? ¿Puedo…?
No quedaba otro remedio:
– Bueno, quédatelo, pero bajo una condición...
– ¡Lo que sea!
– ...que te vas a ocupar de alimentarlo, de sacarlo a pasear y de limpiar todo lo que ensucie...
– ¡Qué bueno eres, Papá! ¡Santificado sea Tu Nombre!
¿Y qué padre no hubiera hecho lo mismo?

Próximo capítulo: el Omnipotente, harto de dramas domésticos, transforma al Espíritu Santo en una hermosa diosa a la que llama Sofía (... eh, sí... a veces el Altísimo se pone un poco gnóstico).

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miércoles, junio 27, 2007

El Gusano

Dedico esta extravaganza
a los cubanos que se oponen a la dictadura castrista,
y que son llamados
gusanos no sólo por sus crueles verdugos,
sino también por los joviales y bienaventurados payasos
del psocialismo y el comunismo español.
CreationEl bocado más exquisito no es el corazón, a pesar de lo que digan bardos y trovadores. El bocado más delicado está en la base del cráneo, oculto tras capas y más capas de huesos, sangre y tendones. No es un músculo, no es una glándula. En realidad, no es posible distinguirlo a simple vista, y ahí está su misterio, pues está rodeado de veneno, y quienes muerden en el sitio equivocado, mueren entre terribles dolores.
Nací de un huevo abandonado en una roca, como todos los míos, y mi primer y única enseñanza fue saber evitar aquello que nos estaba vedado. Pero eran malos tiempos, y mis hermanos morían de inanición por no poder profanar las vísceras sagradas. Un día me pudo la rabia y grité la verdad a los Ancianos, y fui expulsado de los yermos campos donde, en tiempos mejores, manaba la linfa descompuesta y fluían ríos de rica hiel.
Vagué por los límites del universo, esquivando agujeros negros y alimentándome de la poca inmundicia que podía cazar en aquel desierto. Llegó el día en que sentí que me abandonaba la vida, y busqué una cueva donde dejar mi cuerpo a salvo de mis propios hermanos. Pero al penetrar en la oscuridad, encontré algo muy diferente: el cuerpo de un ángel herido, que se había refugiado de algún terrible enemigo.
Durante dos días y dos noches, competimos para ver quién moría antes. El me ganó la carrera, y yo horadé su carne para alimentarme. Pero su carne estaba deshecha y demasiado podrida, incluso para un gusano como yo. El veneno verde de la gangrena brotaba de todas las pequeñas heridas que le infligía con mis afilados dientes. Desesperado y exhausto, rompí los enormes ojos de aquella criatura con la ayuda de un madero, y me abrí paso, reptando, hacia su cerebro.
Milagrosamente, aquella carne estaba intacta. Comí hasta hartarme, dormí, y luego volví a comer y beber. Muy pronto llegué a la zona que nos enseñaban a evitar. Iba a retroceder respetuosamente, pero me detuvo la curiosidad. ¿Era realmente veneno lo que tenía ante mí? ¿Qué podía perder con probar? ¿Mi vida miserable?
Aparté cuidadosamente los tejidos, e inicié mi camino hacia la base del cráneo, primero despacio y luego apretando el paso, a medida que me ganaban el miedo y la curiosidad. De pronto, sentí que algo cambiaba a mi alrededor. Me quedé paralizado por el aura de una presencia espantosa, y creí morir, enterrado en la carne, incapaz de moverme. Comencé a hundirme en aquella materia viscosa, mientras mis pulmones luchaban desesperadamente por un sorbo de oxígeno. Entonces llegaron las convulsiones: una fuerza desconocida recorrió mi cuerpo y lo agitó como la tormenta agita las cañas. La materia angelical que me rodeaba se deshacía con mis golpes involuntarios, y de repente, me vi liberado de mi tormento, cayendo en una cámara situada bajo mis pies.
Nadie me había preparado para aquello. Me vi sumergido en una esfera líquida brillante, iluminada por un pequeño sol ubicado en su centro. Me acerqué nadando hacia aquel objeto destellante. Lo toqué y estaba tibio, y pulsaba como si tuviese vida propia. De repente, sin pensarlo, me lo llevé a la boca y lo mordí. ¡Nunca olvidaré el sabor de la ambrosía! Salí de aquella cámara con mi preciada presa entre mis manos temblorosas, y en cuanto pude sentarme, la engullí temblando de placer. Sólo cuando no quedaba ni una migaja, noté el calor que salía de mis entrañas, y la luz que ahora brotaba de mi interior. El calor me adormeció, y caí en un sueño profundo.
Dormí durante eones, hasta que me despertó el estrépito la caída de otro ángel. A dos leguas de distancia, yacía el cuerpo inmóvil de una criatura aún más grande que la que antes había profanado. Corrí hacia allá, y comprobé que seguía viva. Esta vez, no esperé a que muriese. Perforé la correosa membrana de su tímpano y me las arreglé para llegar a la cámara brillante esquivando los peligros conocidos. Ahí dentro estaba mi recompensa. Cuando salí al exterior, el ángel ya había muerto.
Y así transcurrió una era, en la que me alimenté de la materia brillante de los cuerpos divinos. Con cada perla luminosa que robaba, mi estatura aumentaba, y mi fortaleza, casi milagrosamente. Demasiado pronto alcancé el tamaño de la cabeza de un ángel, y luego, el tamaño de los propios ángeles. Un buen día, aterrizó una expedición de rescate en busca de un compañero herido. Hice frente a la patrulla y los vencí, uno a uno, y luego devoré sus almas.
Después llegaron los sueños. En ellos viajaba por extraños mundos en los que la materia dejaba de ser materia y la luz se podía tocar. Conocí secretos blasfemos sobre este Universo, como su creación en un alarde de soberbia del impío Demiurgo, encarnado en un reptil, y qué horror innominable se esconde dentro de la nebulosa del Escorpión, esperando el fin de los tiempos.
Jericho, by H.R. GigerLlegó un día en que me fue revelado el Supremo Arcano, y pude ver todo el pasado y futuro de este Universo, y calcular las rutas y alternativas, y supe con certeza cuál era el único camino posible. Ascendí entonces al cielo de Jehowah, el Terrible Lagarto de las Tormentas, con la única fuerza de mis alas, y me presenté ante su trono. Sosteniendo su mirada alcé mi dedo acusador apuntándole sin misericordia. Como había previsto, fui maldecido, y los serafines del Demiurgo se abalanzaron sobre mí, haciéndome prisionero.
De modo que yo, Adam Kadmon, fui desterrado de los cielos, y mis alas ardieron incendiadas por la ira divina. Fui llevado al Planeta de Zafiro, y sepultado bajo un océano, en el abismo del Leviatán, condenado a la peor muerte en vida, para toda la eternidad.
Pero no está muerto aquello que puede yacer eternamente, y con el paso de los eones incluso la muerte puede morir. La fuerza más grande del Universo se llama Empatía, y según otros, Resonancia. Sobre la superficie de aquel planeta imponían su ley innumerables razas de estúpidos lagartos, y mi serena cólera atrajo el rayo que los destruyo.
Una variedad de ratas de estercolero, afines a mi naturaleza, ocupó su sitio, y con el tiempo sojuzgaron la faz de la Tierra. Y aunque erraron y adoraron al Demiurgo, al falso Kosmokrator, mis vibraciones revelaron la verdad a los más sensibles de ellos. Y desde eones, los más sabios y sensibles se postran ante mi caída grandeza, y me llaman Cthulhu, el Primordial, y saben que el tiempo de mi Venganza se acerca, y cantan blasfemas antífonas mientras sueñan en éxtasis con los conocimientos prohibidos que les prometo desde mi prisión temporal. El Día se acerca, y se hará Justicia.
Todas estas cosas son ciertas, y de ellas soy testigo fiel y verdadero.

... y cuando oréis, ratitas mías, no lo hagáis de forma ostentosa y arrítmica, ni os golpeéis la carne, pues la carne es sagrada. Cerrad los ojos y cantad:
Madre Eterna que habitas mis sueños:
Bendito sea el corrupto fruto de Tu Vientre.
Pues sólo de Lo Corrupto y burbujeante surge La Vida,
y fuera de Tu Vientre sólo hay Dolor.

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martes, junio 26, 2007

Aire

Para M.
Fuera, soplaba la molesta brisa nocturna, pero la risa de la mujer iluminaba el interior de la tienda.
– ¡Un hijo! ¡A mi edad!
AireEl hombre apretó los labios, sin notarlo. No lo había soñado. En ocasiones los sueños le revelaban cosas que nadie podía saber o imaginar. Dónde encontrar agua. Dónde las hierbas crecían sanas o llenas de veneno. Incluso, cuándo el veneno comenzaba a crecer en el corazón de un antiguo amigo, y era hora de mudar el rebaño a otros pastos.
Si hubiera sido un sueño, habría podido contárselo, pues todos creemos en los sueños, pero ¿cómo explicarle aquello? Aquella mañana, mientras hundía las manos en el agua, se había visto junto a ella, un poco más viejos los dos, rodeados de niños. La visión había durado un instante, lo que se tarda en perder de vista a una paloma en pleno vuelo.
– Corderito mío – la mujer ahora sólo sonreía – Mi dulce corderito lanudo – y acarició delicadamente la barba del patriarca – No te enfades con tu sierva, sabes cuánto me gustaría complacerte.
El agachó la cabeza, y la hundió entre sus senos. Le inquietaba el futuro, pero no por él mismo. No le preocupaba morir, o incluso enloquecer. No sería el primero, en aquellas condiciones. Pero, ¿y ella? ¿Qué haría cuando ya no fuese capaz de proporcionarle todo lo necesario?
Ella notó el ritmo pesado de su respiración. Comenzó a cantar una vieja canción sobre un río, sobre su curso sosegado y sobre cómo crecía trayendo la vida a Kem una vez cada año. El la había seguido hasta Kem, hacía ya mucho tiempo, y allí, en el sitio más improbable, se había ganado su corazón. Luego habían huido al norte, al desierto del norte, y tras muchos esfuerzos y sacrificios habían logrado rehacer sus vidas... al precio de haber olvidado vivirlas.
Una débil racha de aire se introdujo en la tienda, como una presencia fantasmal. La mujer se estremeció, y dejó de cantar por un momento:
– Hace frío.
Retomó la canción con un susurro. Su voz descendió un tono, y se tornó cálida y trémula. El hombre se incorporó en silencio y tapó la entrada de la tienda. Apagó la lumbre y se tendió al lado de su mujer, mientras la abrazaba.
Fuera, el viento había cambiado de dirección, y una enorme luna dibujaba extrañas sombras tras las rocas. Me dejé llevar por el viento, hacia el este, hacia la tierra donde nace el sol.

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