miércoles, julio 25, 2007

La tribu de los cleptómanos optimistas

Hoy precisamente, mientras Eduardo Robredo escribe sobre chimpancés hippies, El Mundo nos regala otra tontería rousseauniana:
Feliz muchacha etíope a punto de ser alegremente devorada por un cachondo felino salvaje (cantemos: ingonyama nengw' enamabala!)Estos “científicos españoles” no estarán locos, como los romanos de Asterix... pero sí un poco gilipollas. Como Homer Simpson, clavan los dientes una y otra vez sobre la rosquilla ideológica, sin mirar el anzuelo que se encaja en... bueno, creo que ya se habrá hecho una idea.
Es cierto que ésta no es mi “especialidad”, pero hay un claro patrón en noticias como ésta: se supone que alguien descubre una característica de un pueblo poco conocido. Siguiente paso: el descubridor se lanza de cabeza a afirmar que se trata de una característica “cultural”. Nada que ver con la maldita y determinante biología. Los afars no parecen deprimidos: al menos, no los hemos visto en una farmacia comprando Prozac, o pidiendo la baja médica a la Seguridad Social. Y sus mujeres no parecen agobiadas. Es verdad que no podemos hablar mucho con ellas, porque los celosos maridos no nos lo permiten, pero nos han asegurado que sus parientes son el sumun de la felicidad. Ni siquiera sufren la depresión post-parto, que parece ser de origen somático a este lado de la civilización. A estos felices afars no se les aplica aquel latinajo de post coitum, omne animal triste est. Aquí todos follan, y luego se sacuden el polvo de lodo seco de lo más contentos, aunque algunos más que otros.
Una vez establecido el hecho con seguridad, llega el turno de las explicaciones. Son felices porque no son como nosotros. Uno de los expedicionarios nos sermonea:
El individualismo patológico nos genera problemas que estos indígenas desconocen porque viven en núcleos pequeños.
Y nuestras hipotecas, no lo olvide, que son impagables como la deuda externa según Castro. Es que mientras nosotros sufrimos por el acoso bancario, ellos sólo tienen que apechugar con insignificancias, como una elevadísima mortalidad infantil. ¿Que a un aborigen se le muere un hijo? ¡Qué coño, pelillos a la mar y polvo al polvo! Echan otro casquete, sin depresión post-parto, claro, y todos felices. ¿Que Simba se zampa al abuelo? ¡Qué abuelo más cachondo! Mira que suicidarse indeprimidamente entre las fauces de un león. ¿Cómo? ¿Qué también se ha zampado a mi alegre mujercita? Hakuna matata!
¡Quién sabe! No soy un especialista, ¿recuerda? Pero me extraña que nuestros genios no se hayan fijado en varias características sorprendentes de la población de la zona. La primera es muy conocida: suelen ser estupendos corredores. He incluso leído que se debe a la selección natural... o casi natural. Un pueblo ganadero es siempre un pueblo de ladrones. Al parecer, el afar que no corría lo suficiente cuando lo pillaban de cuatrero... sufría una alegre e indeprimible muerte. Reunían a los ancianos más chistosos y al pobre ladrón lo mataban de la risa. Lo segundo quizás le sorprenda: ¿ha visto alguna vez un etiope o un eritreo en una universidad occidental? Yo he conocido unos cuantos, y créame, puede que haya sido coincidencia, pero todos eran pequeños genios en potencia para las matemáticas.
No sé si realmente los afars desconocen la depresión, pero de ser un hecho, ¿no habría que mirar primero en la biología antes de tragarse la historia del buen salvaje y la tabula rasa?
Hace poco, la prensa aireaba una historia muy parecida: unos “investigadores” noruegos afirmaban haber descubierto que los hijos mayores suelen tener un C.I. más alto. Y la explicación era parecida: la causa estaba en la mayor responsabilidad del hijo mayor, que le obliga a ser más inteligente. No importa que los hermanos menores suelan hablar y andar antes, gracias a una mayor riqueza de estímulos en su entorno. La tabula rasa, haciendo estragos nuevamente...

Pero la teoría no es del todo falsa. De hecho, si le hacemos caso a Matt Ridley (¡que sí es un especialista!), los varones mayores de cada familia tienen (tenemos) ciertas ventajas, sobre todo en características relacionadas con la masculinización durante el embarazo mediante la tetosterona. Las hermanas no tendrían este handicap relacionado con el orden de nacimiento. Ni tampoco lo tendría el siguiente hermano de una primogénita. Una encuesta que no tuviese en cuenta estos hechos ampliamente conocidos, podría simplemente mostrar una correlación más débil, pero aún significativa, entre la inteligencia y el orden de nacimiento.

(... y no, un cleptómano optimista no era un psociata con cargo público cantando la Macarena... )

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8 Comments:

Blogger Eduardo Robredo Zugasti escribió...

Tiene toda la pinta de ser una magufada disfrazada de ciencia.

Se sabe desde hace tiempo que las enfermedades mentales cursan de modo diferente en cada "cultura", pero de ahí a afirmar tajantemente que entre los dogón no hay esquizofrénicos o depresivos...hay un gran trecho. De hecho recuerdo un artículo (no sé si en Times) que hablaba del aumento de la depresión en el "tercer mundo" o, como dicen en el artículo, en las "culturas africanas no industrializadas".

Estaría bien que, junto con esa maravillosa vida salvaje, donde no hay individualistas patológicos, y el bosque es un arsenal terapéutico, el docto equipo de "científicos españoles" nos explicara cuál es la expectativa de vida entre los dogones, o cuál es su índice de mortandad infantil.

En fín, de verguenza.

12:31 a. m.  
Blogger Freman escribió...

Más que magufada, que también lo es, parece el mundo visto a través de gafas ideológicas (ideologías las hay laicas y beatas).

¿Eran dogones? Coño, entonces he metido la pata mencionando a los afars. La verdad es que estuve a punto de tirar de mi ejemplar de The Sirius Mystery (¡la magufada original de Robert Temple!) para incluir alguna cancioncilla sobre la creación del Universo y buena parte de Andorra.

(la verdad es que, antes de la asunción de Santa Amazon, tuve que recorrer algunas librerías en Dixieland para encontrar algunos libracos: éste de los dogones, The Golden Bough, Hamlet's Mill... aunque a éste último le tengo cierto difícil cariño)

12:43 a. m.  
Blogger Eduardo Robredo Zugasti escribió...

En realidad parece que se han dado una vuelta por varios países. A costa de la nación, y con todo pagado, por supuesto, han hecho un tour muy completo por Etiopía, Niger, Namibia o Sudán. Y por mucho que el periodista titule "Científicos españoles", parece que el responsable del safari es un doctor en antropología. Tal como está la antropología en España si se considera a eso "ciencia" entonces el pulpo también es animal de compañía.

Voy a ver si en los próximos dias consigo algunos datos fiables sobre la salud de los surma, nubios, dogon, etc

1:01 a. m.  
Blogger Chema escribió...

Creo que la salud, física y mental, de los dogon ha declinado notablemente desde que J.J. Benítez rodó aquel capítulo de Planeta Encantado (de Conocerme) en el que simulaba hablar con los ancianos de la tribu y tomar notas. De hecho, han abandonado el culto de los hombres-pez y ya sólo hablan de Bula-Matari-con-Cara-de Hormigón-Armado.

En cualquier caso, quizás su inmunidad a la depresión se deba a otros factores. Hace unos años, cuando daba clases de español, teníamos un alumno de Mali, y una compañera me comentó no haber podido evitar fijarse en que el paquete le llegaba a la mitad del muslo. ¿Os parece una gilipollez? Pues imaginaos lo que me parece a mí lo de los "científicos españoles".

Freman, lo de "Hamlet's Mill" me ha llegado al alma. Yo también lo tengo en casa, y sí, tiene una aire cutre-erudito que lo salva. Va a ser verdad que todos tenemos un pasado. ¿También llegaste a él por el pelmazo del Hancock? Yo pasé un año deprimido y acojonado después de leer "Las huellas de los dioses".

5:16 a. m.  
Blogger Freman escribió...

Pues imaginaos lo que me parece a mí lo de los "científicos españoles".

A lo mejor han ido a fijarse en lo mismo... Sospecho también que un porcentaje altísimo de los gilipollas aborígenes (de aquí) que saludan "Salam alekum" cuando les llaman por teléfono, tienen una motivación parecida: a casi todos, la parienta termina por echarlos de casa (comentario envenenado dirigido a un tontainas al que he tenido el disgusto de tratar hace poco in the real life).

¿También llegaste a él por el pelmazo del Hancock?

No, probablemente por alguna vía un poquillo más digna, aunque ahora mismo no recuerdo cuál. La referencia a De Santillana y Von Dechend en Hancock sólo le sirvió para que le comprara un libro más, por si acaso.

Hamlet's Mill está lleno de errores y exageraciones, pero hay algo intrigante en lo que cuenta. De Santillana sabía que le quedaban dos telediarios cuando lo escribió... y la prisa se nota. Y Von Dechend es lo que es. Además, el capítulo final es para arrancarlo y metérselo al libro de Hancock por la solapa.

Pero es verdad que lo de Hiparco es sólo la historia oficial. Alguna tontería he escrito sobre la chi celestial del Timeo. Como mínimo, todo lo que rodea a los misterios órficos está lleno de referencias al tema "precesión como manifestación visible de La Caída" (no de Roma, pero sí de Faetón). Y a través de los mitraístas, toda la farramalla zodiacal correspondiente pasó al primer cristianismo oficial. Puede incluso que la "contaminación" comenzase antes: la simbología del Pez es muy antigua. Puede tener todas las explicaciones acrónimas que se quieran, pero la idea "flotaba" en el aire, por aquellos tiempos.

Otra pista que da el libro es que es muy posible que el budismo tuviese más difusión temprana en Occidente de lo que se creía (bastaría con ver la iconología budista de Gandara). Son muy populares las historias sobre los pitagóricos y las judías, y las interpretaciones sobre el pneuma reencarnado de la abuelita Sofronia o las espirales de la planta representando la inmortalidad. Sin embargo, estos supuestos tabúes sobre judías sagradas no llegan a pasar luego al cristianismo (ni a movimiento alguno). La explicación más probable la dan Cicerón y Plinio (el Viejo): Pitágoras las prohibió porque los gases impedían la correcta respiración. Eso suena más a Zazen (vale, anacronismo al canto) que a la abuelita Sofronia.

El problema de las hipótesis como ésta es, uno, que sólo son hipótesis, y dos, que frecuentemente quienes las exponen, justifican todo lo que supuestamente habría detrás. Convierten el presunto descubrimiento en una prescripción para todos nuestros presuntos males. Da igual si el "descubrimiento" es un matriarcado primordial, un culto zodiacal inspirado en la Via Láctea y el Zodiaco, o una sociedad primitiva en la que la gente no usaba el dinero.

(por cierto, Brian May se va a Canarias a terminar su tesis astronómica, sobre el polvo zodiacal y su papel en la formación de planetas).

10:03 a. m.  
Blogger Freman escribió...

:) y para que os divirtáis:

Oscar, el gato barómetro

La verdad es que lo comprendo. Con la fama que ya arrastra el muy chungo del gato, cuando un abuelo lo ve en entrar en su habitación, es natural que le entren los temblores, los sudores y la palme de puro terror.

Oscar, el gato asesino...

(hay indicios, en cambio, de que algunos perros pueden oler algunos tipos de cáncer; a los del geriátrico les ha dado la envidia y han querido presumir de gato all purpose que huele también los trombos)

10:12 a. m.  
Blogger Eduardo Robredo Zugasti escribió...

JJajajajaj, qué cara de cabronazo tiene el gato....

1:53 p. m.  
Blogger Freman escribió...

No, eso es que al último residente del geriátrico en abandonar este valle de lágrimas, se le ha debido escapar el alma por el orificio inadecuado. Y claro, el gato acusa el recibo...

1:57 p. m.  

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