domingo, abril 22, 2007

El frondoso bosquecillo de la mujer de Ruskin

egún nuestra medida, los prerrafaelitas eran una panda de tipos raros, pero ¿quién no lo era en la Inglaterra de la reina Victoria? La pérfida Albión, en el esplendor de su grandeza imperial, se había convertido en un club de chiflados. Los prerrafaelitas eran algo parecido a la comisión de festejos del club. Y dentro de aquella comisión de festejos, que se parecía sospechosamente a la mesa del té de Alicia, el papel de sombrerero loco lo interpretaba gustosamente el John Ruskin de esta historia, que además de inglés, victoriano, chalado y prerrafaelita, era socialista, el muy cabrón.
... so early in the morning.Nuestro sombrerero loco tenía también su pequeña Alicia: la joven Ephie Gray, que tenía doce años cuando Ruskin, de veintitrés, le dedicó una pequeña y prescindible novela sobre elfos, reyes enanos y lo rentable que resulta comportarse con decoro. Se le podría perdonar el detalle… si no fuera porque, seis años más tarde, en cuanto la pequeña Ephie tuvo la edad exigida por la ley, el sombrerero loco la llevó al altar.
Oh, sí, almas sensibles y escandalizadas, también Poe se lió con su primita Virginia, y el propio Carroll dio mucho que hablar en su momento (aunque al parecer, hubo más chismografía que verdadero escándalo en la historia del conejo blanco). Pero Poe y Carroll, al menos, nos dejaron una obra memorable, ¡y es que no eran socialistas! El hada madrina que presidió el nacimiento del amigo Ruskin llegó borracha de láudano al acontecimiento, y debió empapar al recién nacido de chifladura y socialismo mientras rebuscaba inútilmente entre sus ropas el frasquito del talento.
Como decía, llegó el día en el que un feliz y ansioso John Ruskin desposó a la joven y nerviosa Ephie. Y hubo banquetes, y se arrojaron flores y confetis. Y cuando el último rayo de Sol desapareció en el horizonte con el último coñazo de invitado, llegó eso que llaman la “noche de bodas”. Es fácil imaginar a la ingenua parejita gastándose inocentes bromitas mientras se dirigían al escenario del crimen. Es fácil imaginar a la Ephie echando a John temporalmente del santuario, mientras se vestía o desvestía para matar. Es fácil imaginar el nerviosismo del ansioso Johnny cuando finalmente Ephie le espetó con su acento escocés, “ven pacá, macizo”...
Un poco más difícil es comprender lo que pasó después. Al parecer, Ephie dejó entreabierta la puerta del corral, y el amigo Ruskin tuvo una clara imagen de la espesa lana de la corderita. Y Ruskin, que era un esteta que sólo conocía los coños inexistentes de las estatuas griegas se quedó petrificado y espantujado ante la visión del bosque sagrado de Diana Cazadora.
No hubo consumación aquella noche. Ni la siguiente. Ruskin desarrolló una intensa aversión por su mujer, y según confesión propia, dedicó el resto de sus días al “pequeño suicidio cotidiano”, que es una bella forma de decir que se mataba diariamente a pajas, como un mono en una jaula. Al cabo de seis años de sequía total, Euphemia se hartó y se largó con Millais, pintor prerrafaelita y protegido del esteta, pero lo suficientemente sensato como para saber qué es lo que suele brotar donde se unen el tronco y las extremidades. Al parecer, Ephie se desquitó sobradamente del ayuno, porque le dio nada menos que ocho churumbeles al pintor (y alguna mancha, supongo, en el suelo del estudio).
Para desgracia de Ruskin, el asunto se hizo público porque Ephie pidió y consiguió la nulidad matrimonial. De modo que Ruskin, además de continuar con sus pequeños vicios, se entregó casi por completo a sus ideas socialistas.
... ah, sí, nuestro chiflado se volvió a enamorar, pero esta vez, de otra lolita chiflada llamada Rose la Touche; nombre premonitorio donde los haya, como enseguida veremos. Esta obsesión en la repetición de los detalles es lo que los santones orientales llaman karma: la chiquilla tenía diez años cuando Ruskin plantó sus pervertidos ojos en ella, y recibió una propuesta formal de casamiento en cuanto cumplió los dieciocho. Pero Ruskin ya arrastraba fama de socialista, y los preocupados padres prefirieron conocer la opinión de Ephie, quien no se cortó un pelo en su respuesta. La aventura terminó trágicamente: Rose la Touche estaba también algo tocada del ala, padecía anorexia y algún otro desquiciamiento mal catalogado. La internaron en un hospital de día y murió en poco menos de un año.
Ruskin también fue a menos. Su salud se resintió, sus nervios se quebraron, y comenzó a padecer ataques nerviosos y alucinaciones. Durante una de ellas, predijo la llegada de ZP a España y el descenso a segunda del Atleti. Al día siguiente de este episodio, al recobrar el sentido y leer su propia profecía, se llevó una mano al corazón, puso los ojos como platos y la palmó.
Lo enterraron en un terreno cuidadosamente defoliado, pero en muy poco tiempo, el musgo y la hiedra cubrieron su tumba.

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2 Comments:

Blogger Ruby Marmolejo escribió...

Este comentario ha sido eliminado por el autor.

7:12 p. m.  
Blogger Freman escribió...

Mais oui...

7:13 p. m.  

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