jueves, noviembre 09, 2006

El Vampiro Feo

Historia que contiene una enseñanza moral

Draculín I, El GrandeDraculín era un pequeño hijo de puta. Oh, no lo digo en sentido metafórico: estoy hablando de una cría de murciélago vampiro abandonada por su puta madre en un nido de ratones. No es que la madre de Draculín fuese una mala madre: es que la noche en la que salía de cuentas tuvo la mala fortuna de morder a una bakalata que se había quedado tiesa por una sobredosis de mitsubishis. Cuando reemprendió el vuelo, se dio cuenta que había algún problema técnico grave, pues se le abrieron las esclusas sin previo aviso. Quiero decir, que la vampira meó, cagó y con todo el jaleo correspondiente, no se dio cuenta de que había soltado al crío sobre un contenedor de basuras cercano al Ayuntamiento. Luego, presa del éxtasis pastillero, intentó fornicar con una Renault Kangoo que buscaba sitio para aparcar. Fue lo último que hizo en su breve y muy follada vida.
- I -
Una gran rata roja que merodeaba por el Ayuntamiento encontró la peluda bolita llorosa, y pensando que se trataba de una cría de rata ajena, se la llevó a su casa, para comérsela en cuanto engordase un par de gramos. Así son las ratas rojas, ¿qué culpa tengo yo? De modo que alimentó a Draculín durante un par de días con un trozo de morcilla roja que la muy zorra no quería para ella porque en la etiqueta decía que era morcilla de cerdo transgénico.
Cuando Draculín tuvo peso suficiente para un bocata, la rata roja lo puso entre dos rebanadas de pan Bimbo (que la rata era catalana y muy patriota, eso sí) e intento merendárselo. Pero cuando Draculín, fortalecido por su dieta de morcilla de cerdo transgénico, vio aquel pedazo de lengua roja de aquella rata roja, creyó que se trataba de un pezón de murciélaga vampira, y lo mordió con toda su fuerza mientras succionaba la sangre de su involuntaria madre adoptiva. La rata chilló y blasfemó, y salió de su madriguera con el pequeño hideputa colgado como un piercing de su inflamada lengua:
- ¡Itemmeaetejopuuuuta, itemmeaetejopuuuuuta! – gritaba la infeliz, seguramente en algún dialecto eslavo.
Cuatro ratones policías que pasaban por allí intentaron separar al murciélago de la rata, pero el pequeñín se defendía como un jabato y pronto desistieron, tras recibir una surtida ración de patadas y arañazos. Finalmente, Draculín quedó satisfecho y soltó su presa, que se derrumbó exhausta. El pequeño vampiro cerró los ojitos y echó una siesta que duró un par de días.
La rata roja no desperdició este tiempo. En cuanto se recuperó de su desmayo, corrió con el crío a la sede del Partido Comunista y lo inscribió como miembro: era la mayor putada que se le podía ocurrir. Luego se acercó a los servicios sociales y lo entregó a las autoridades, que lo metieron en un orfanato.
Cuando Draculín volvió a abrir los ojos, se vio rodeado de un ejército de pequeñas ratitas inmundas e intuyó inmediatamente que estaba muy jodido. Su estancia en aquel orfanato fue una pesadilla. En vez de corretear, roer y joder, como todas las crías de roedores, el pequeño cabrón intentaba inútilmente volar, chupar aortas y dar por culo al resto del personal, que estaba sumamente mosqueado con el extraño inquilino. El mosqueo fue extremo cuando al hideputa empezaron a brotarle unos muñones de alas membranosas en la espalda. Pero no fue esta la gota que desbordó la paciencia de todos.
Y es que incluso las ratas tienen corazón, aunque no lo parezca… excepto cuando sangran, claro. Aquellas inmundas criaturas veneraban una mugrienta camiseta abandonada por un hippie que tenía pegada una calcomanía del Che Guevara. Las ratas creían ver un aire familiar en la cara del guerrillero, y tenían la camiseta desplegada como una cortina detrás de la tribuna (una lata de atún vacía) del salón de actos. Un buen día, Draculín sintió un impostergable achuchón de tripas mientras barría el salón, se escondió tras la lata de atún, cagó copiosamente, y al insensato no se le ocurrió otra cosa que limpiarse el culo con la camiseta. Pero tuvo tan mala suerte que tiró demasiado de la prenda y esta cayó de su soporte. El ruido avisó a las ratas vigilantes que, horrorizadas por la afrenta, apresaron al sacrílego. Luego, decidieron en consejo que el puñetero crío era un enemigo de clase y lo abandonaron en los raíles que atravesaban el barrio para que lo atropellase un tren.
- II -
Pero alguien velaba por Draculín desde el cielo. Cuando el tren de las 3:10 se acercaba amenazador, dos blancas palomas descendieron en picado, rescataron al crío y reemprendieron el vuelo alejándose de la vía del tren.
- ¡Sois ángeles! – exclamó arrobado nuestro querubín.
La paloma que lo aerotransportaba había repostado hacía muy poco, y dejó caer uno de esos cagarros líquidos, alcalinos y jugosos propios de las palomas sobre la boca abierta del incauto. Draculín escupió y luego suspiró, y supo enseguida que seguía estando muy jodido.
Las dos blancas palomas transportaron a nuestro héroe a un orfanato jesuita regentado por devotas palomas en la copa de un pino, cerca de un campanario. Todos los días, las puñeteras campanas despertaban a aquella tropa de pájaros cuando aún no había salido el sol. Tras lavarse los picos con el frío rocío de la noche, los párvulos debían gorjear, aún en ayunas, alabanzas al Señor durante una hora. Imaginad lo que sufriría una cría de murciélago intentando imitar el canto de las aves con su ronca voz rocanrolera:
- ¡Ave María, santa entre las aves! – gorjeaba la paloma superiora.
- Ba-ba-ba-bad to the bones! – eructaba Draculín, y se ganaba un capón.
Los jesuitas le acusaban también de ser un mal ejemplo para un pequeño papagayo filipino que imitaba todas las malas conductas del murciélago. La situación empeoró cuando a nuestro mamífero volador comenzaron a brotarles sus colmillos definitivos. El muy cabrón se escondía tras las ramas por las noches, con las alas cruzadas sobre el pecho, y esperaba a que alguna incauta paloma pasase por las cercanías. Entonces daba un salto, desplegaba las alas de golpe, reía sardónicamente para enseñar los colmillos y chillaba:
- Treat or trick!
Y la pobre paloma se cagaba de las patas para abajo, y salía pitando aterrorizada.
Aquella vida carcelaria llegó a un trágico fin un buen día, cuando las dos palomas blancas trajeron al parvulario una cría abandonada de gorrión chino que habían encontrado en un contenedor proveniente de Hong Kong. Sus padres habían perecido en una de las frecuentes cacerías de gorriones que había puesto de moda el hijo de puta de Mao, pero el retoño era portador, sin saberlo, de la gripe aviar gangrenosa.
Fue un verdadero holocausto. Los gordos y sebosos palomos enfermaban, se ponían morados y caían redondos al suelo, desde lo alto del pino. Día y noche los sobrevivientes alzaban su cantos al cielo suplicando clemencia al Altísimo… en vez de tomar antibióticos, las muy idiotas. Enronquecían, enfermaban, la espichaban y caían. Y el cabrón de Draculín contaba los golpetazos contra el suelo como una alada Némesis, o para ser más exactos, como el Conde de Montecristo:
- ¡Una! ¡Dos! ¡Tres!... ¡Cuarenta y cinco! ¡Cuarenta y seis!
El último en enfermar fue el gordo palomo negro afeminado que dirigía aquel cotarro. Sintiendo acercarse su fin, dio un par de aletazos para convocar a Draculín a su lado. Nuestro héroe acudió a desgana, y ayudó a incorporarse de su lecho al gesticulante maromo. Entre estertores, le dijo:
- Hijo mío, arggghhh, quiero, arggggh, revelarte, arggghhh, un secreto que cambiará tu vida…
- ¿De qué se trata, padre? – preguntó intrigado Draculín.
- No eres, arghhhh, una paloma, arghhh, sino un… arghhjjj …. arghhjjj… ¡un puto murciélago, por mis santos cojones! (arghhh, arghhh, aarghh)
Entonces abrió desmesuradamente sus ojos y señaló hacia arriba con su ala derecha:
- ¡Arriba! – intentó adivinar el murciélago – ¡No, arriba no! ¡Norte! ¡Dios! ¡Eso, eso, Dios!
Y el palomo asintió, mientras con su ala izquierda apuntaba a su enorme trasero:
- ¡Culo! ¡No, no! ¡Ya sé, Infierno! ¿No es Infierno? Culo, mierda – y el palomo asentía con los ojos exorbitados – mierda, ¡me cago! ¡eso es! ¡me cago!
Y el palomo se puso rígido y estiró las patas espasmódicamente. Luego se quedó definitivamente quieto.
- ¡Me cagüen Dios! – murmuró desolado Draculín.
Empujó suavemente el cuerpo sin vida del padre superior, que cayó a tierra haciendo plaff, mientras Draculín emprendía el vuelo y murmuraba “Ciento cuarenta y cuatro”. Y se alejó volando hasta perderse en el horizonte, meditando qué nuevas aventuras le aguardaban.
Siguiente episodio: Draculín vuela hacia el Oeste.

... y usted se preguntará a santo de qué he escrito y publicado esta sucesión de paridas sin sentido. No debería explicarlo, pero me apetece: ¿se ha dado cuenta de qué día es hoy? Resulta que es fiesta en Madrid. Y puente. ¿Y sabe qué pasó la semana anterior? Pues que tocó el Día de Todos los Santos, y fue fiesta nacional, y puente. ¿Y sabe qué? Pues que este puñetero mes, el puñetero Estado me cobrará los puñeteros impuestos como si hubiese trabajado las cuatro puñeteras semanas que trae noviembre. Y estoy de todo este cachondeo católicoproletario más harto que Draculín de sus ratas rojas y palomas mariconas. De modo que si le ha gustado la historia de nuestro pequeño huérfano, pues me alegro por usted. Y si no, ya sabe: agua y ajo. Aguantarse y a joderse.

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6 Comments:

Blogger cruzcampo escribió...

Ha sido el despiporre, me ha encantado.

4:21 a. m.  
Blogger Freman escribió...

Es que en realidad, me hizo gracia la siguiente noticia:

La elefanta estéticamente diferente

Mezcla eso con la idea de que los elefantes se reconocen frente a un espejo: me temo que dentro de poco volverán a verse bien las cacerías de elefantes. Si son tan humanos, la gente dejará de verlos como bichos "especiales". Los verán como a cualquier hijo de vecino:

- ¿Has visto la noticia? ¡Han matado a Dumbo con una escopeta!
- Bah, algo habrá hecho... elefante facha...

11:38 a. m.  
Blogger rakras escribió...

No sé si será gracias a TuX, pero no recibí nada esta semana...Por cierto, grande el libro de "The Truth About Everything".

9:32 p. m.  
Blogger rakras escribió...

Nota:el grande es de calidad...de lo otro, tiene buen tamaño pero vaya, los hay mas grandes.

11:35 p. m.  
Blogger Freman escribió...

No sé si será gracias a TuX, pero no recibí nada esta semana...

Lo siento, visitas familiares... a ver si puedo reorganizar un poco el tiempo esta semana.

"The Truth About Everything".

Je, je, ahora comprenderás que tras una persona original se oculta un libro poco conocido. Y lo digo en serio: la mayoría de lo que "somos" (en el sentido mental) lo tomamos del océano de Dawkins, el almacén universal de memas. Muy pocas veces somos capaces de aportar una mema que sea realmente nueva. Pero eso no es motivo para deprimirse, pues es lo habitual. Incluso ideas revolucionarias, como spacetime = matter, son pequeñas mutaciones de ideas preexistentes. En el caso de Einstein, muchas de sus ideas se inspiran en el trabajo de Ernst Mach (el mismo que le da nombre a la escala de velocidades supersónicas, e indirectamente, a las máquinas de afeitar con vibrador a pilas de Gillette).

Sin embargo, hay mucho más margen para la originalidad a la hora de escoger "nuestras" memas.

La idea del "hombre memético" puede ilustrarse mediante los cuadros de Giussepe Arcimboldo, como éste, utilizado por un grupo de rock de finales de los 70s:

Portada de Masque, Kansas

6:54 p. m.  
Blogger QRM escribió...

Estupendo, freman.

1:52 p. m.  

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