lunes, enero 15, 2007

Kitsunegari

KitsuneKitsune es la palabra japonesa para la zorra. Hace poco escribía sobre zorras. ¡Oh, no!, no me refiero a la manita derecha de ZP: esa es sólo una vieja avestruz. Me refiero a las historias sobre Sansón y Gedeón. Resumo lo básico de ambas leyendas, para que no tenga que seguir el enlace.
Primero, viene lo de Gedeón: para derrotar a los amalequitas, Yahveh le hace elegir trescientos compañeros. La prueba consiste en observar como beben de un río. Hay que elegir a los que lamen el agua como "perros". El posterior ataque a los amalequitas también se las trae. Los trescientos perros se abalanzan sobre el enemigo tocando una trompeta cada uno... mientras sostienen una antorcha encendida en la mano libre.
La historia de Sansón es también enigmática: para desahogarse de un ataque de cuernos, reúne trescientas zorras, y las ata de dos en dos... ¡con una tea en cada cola! Entonces enciende las teas y libera los pobres animalejos en los sembrados de los filisteos. En ambos casos, trescientas zorras inician un fuego. En el caso de Gedeón, se trata de soldados... que beben agua como perros. Puede parecer un poco forzada la semejanza, pero observe: están las teas, que no tienen explicación racional en medio de una batalla (y mucho menos las trompetas y los cántaros) y el hecho de que son trescientos, igual que las zorras.
Pues bien, acabo de recordar una historia parecida: los mitos sobre zorras de los japoneses. Estos animales tienen virtudes milagrosas en el folklore de las islas. Mientras más tiempo viven, más colas les brotan, hasta llegar a un máximo de nueve colas: preguntadle al pobre Naruto. Sobre todo, adquieren la facultad de transmutarse en humanos... con cierta preferencia hacia las formas de las bellas japonesitas. Eso sí: en su versión humana, conservan el miedo cerval a los perros, y un chucho particularmente coñazo puede hacerlas regresar a su estado original a golpe de ladridos. Incluso cuentan que, durante los siglos oscuros, si un japonés se encontraba con una mujer en un camino desierto, tras ponerse el Sol, podía apostar a que se trataba de una kitsune metamorfoseada. Y ya podía rezar cualquier cosa que supiera...
Ya conocía la mayor parte de estas historias. Lo que me ha sorprendido es enterarme de otro elemento de la mitología zorruna: el kitsune-bi, o fuego de zorras. Naturalmente, el folklore nipón ha intentado digerir este mito. Para muchos, el fuego de zorras es una metáfora del amor juvenil. También se habla de las hoshi no tama: el fuego de zorras es producido por una perla, que encierra el alma del animal. Un humano puede dominar a una kitsune si logra arrebatarle su perla. ¿Sabe qué? Pues que me lo creo...
Tras todas estas sabias explicaciones se esconde la verdad: los japoneses recibieron, de no se sabe dónde no se sabe cuándo, una mema sobre zorras con colas encendidas. Nuestros eruditos pretenden rastrear su origen hasta la India, y afirman que la transmisión ocurrió mano a mano con la del budismo. Sin embargo, la historia reaparece en el reino de Israel, en una fecha no posterior a la de la caída del reino del Norte ante los asirios, anterior a Buda. Incluso entonces, el escriba que redacta la versión final del libro de los Jueces se encuentra con una historia que no puede explicar. ¿Desde dónde, y cómo, llegó esta historia a nuestro escriba? ¿Como un cuento transmitido oralmente, o como una escena incomprensible, esbozada sobre un trozo de cerámica?
Vivo en una ciudad, y todas las zorras con las que tropiezo han perdido su perlita, y la habilidad de regresar a su forma original. Le pido, por favor, que si alguna vez, en un camino solitario tras caer el Sol, se tropieza con una kitsune, no escape como un cobarde. Intente apoderarse de su hoshi no tama, y cuando la kitsune le suplique que se la devuelva, pídale a cambio que le explique por qué trescientas zorras con fuego en sus colas incendiaron los sembrados de trigo en una época que ya todos hemos olvidado.

Para ver una kitsune en plena metamorfosis, danzando con su hoshi no tama, siga este enlace.

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5 Comments:

Blogger Chesk escribió...

No sabía que hubiese "zorros" en Japón. No me imagino cómo llegó hasta allá ese mamífero para que le fabriquen tal leyenda.

Eso sí, este bicho ha dado mucho de juego. Será por lo astuto que es y, rara vez, se deja atrapar por los engaños de un humano.

Y cuando alguien no se deja atrapar, produce el desquiciamiento de más de uno. :)

12:56 a. m.  
Blogger Freman escribió...

Según la wiki, que no es una autoridad, pero que en estas cosas no miente demasiado, hay dos tipos de zorros rojos.

Lo que me ha sorprendido es que, tanto zorros como zorras, se transforman en mujeres. Es decir: tratan al zorro como a un animal femenino. Pensaba que la asociación se daba en español por accidente (en inglés, hay fox para el zorro y vixen para la zorra, aunque vixen suele ser ofensivo).

La manía que me ha dado con estos bichos es porque forman parte de la "leyenda celeste", que debe ser muy antigua, porque está presente por todo el planeta. Sansón derribando los pilares del templo representa lo mismo que la carta del Ahorcado en el Tarot (y Ian Anderson, el flautista de Jethro Tull, que tocaba apoyándose en una sola pierna, probablemente imitando ilustraciones medievales del Pied Piper): la inclinación del eje de la Tierra, que antes se pensaba que habían descubierto los griegos, pero que parece que se conocía desde mucho antes. Incluso, la ola de expansión del Cristianismo fue en gran parte posible porque se acopló a la simbología de este mito: todo el simbolismo de los peces, por ejemplo. Oficialmente, los cristianos se identificaban con un pez al interpretar la palabra como una sigla... pero, aunque es posible que no todo cristiano primitivo lo supiera, la élite conocía la relación con la precesión. Y este conocimiento llega, como mínimo, hasta la época de Dante. ¿Sabes cómo se llamaba el "jefe", es decir, el protector de Dante? Cane Grande Della Scala, el perro grande, y era sobrino de un tal Mastino. Nuevamente, la simbología del perro mareando la perdiz. El propio Dante, por supuesto, salpicó La Divina Comedia con referencias a este "saber" esotérico.

La historia de Gilgamesh (Gilbert Gabriel Mesh, en una serie de historias que estoy escribiendo) también va de esto mismo. Y el río Stix, o Estigia, que alguien está usando como nick, y que es en realidad un "río celeste". Y también está ahí el origen de la historia de Noé, que en la leyenda de Gilgamesh se llama Ut-Napishtim. Gilgamesh tiene que cruzar un lago para pedirle a Ut-Napishtim el secreto de la inmortalidad... y lo consigue, pero se lo roba una serpiente.

Por eso, más extraño que haya zorros en Japón es que la historia de Gilgamesh (o cualquiera que haya sido el mito original) haya llegado no a Japón, sino incluso a América: Quetzatcoatle y el rey Tiki son de esos personajes que desaparecen pero prometen volver... igual que hacen las constelaciones gracias a la precesión del eje terráqueo.

1:37 a. m.  
Blogger Chesk escribió...

Casi todos los descalificativos, en el diccionario, están reservados a las mujeres. Pasa con la palabra zorra, perra...es un viejo machismo lingüistico que todavía no han descubierto las feministas de salón. ¡Juas!

Pero sobre lo de la leyenda del zorro...¿dime cómo ha llegado este bicho hasta esa isla aislada?

Los mamíferos no vuelan..

Sobre Gilgamesh, ese personaje ha llegado hasta los videojuegos. Si no, pregúntale a Nachito. :)

12:54 a. m.  
Blogger Freman escribió...

Pues probablemente a través de los monjes budistas: de India, a China, y finalmente, Japón. Lo que no me creo es que el origen de la historia sea la India. Creo que viene de los sumerios... o incluso de antes de los sumerios.

¿Sabes cuál es el problema, por qué me rompo la cabeza con estas tonterías? Porque estas historias se cruzan con el presunto culto a la Diosa Madre, que en su momento di por bueno. Después me enteré de que ningún historiador o arqueólogo "serio" comulga ya con la historia de la Diosa. Y es verdad que casi todos los indicios a favor de la Diosa se explican mejor mediante la "religión zodiacal", por llamarlo de alguna forma. Pero sigo viendo algunos cabos sueltos...

Hay un peligro con todas estas historias: tomárselas como teorías de la conspiración. Robert Graves (el de Yo, Claudio) creyó en su momento que había descubierto un culto mediterráneo a la Diosa... y hala, lo que toca es volver a los orígenes y adorar a la Diosa (olvidando que, de ser cierta la historia, el culto estaría asociado a sacrificios humanos, e incluso de niños). Los señores que reúnen los indicios sobre el conocimiento de la precesión (Dechen y Santillana) hicieron algo parecido: "somos unos decadentes, que hemos perdido las claves del conocimiento antiguo, bla, bla".

Yo, que no me creo las conspiranoias modernas, mucho menos voy a creerme las antiguas. Pero me interesa el tema porque, tratándose de mitos tan antiguos, se han colado en las religiones y tradiciones de casi todo el mundo. Nuestra semana de siete días, dedicada a los "siete planetas" y sus correspondientes dioses, viene de aquella historia.

Tengo otro motivo: para que una historia de ficción "cale" en la gente, y le guste, tiene que "resonar" dentro de la persona. Tiene que tocar suavemente la zona de nuestra memoria donde guardamos las memorias y sospechas que aprendemos de niños. Si lo haces directamente, la gente se da cuenta, y la historia no cuela. Por lo tanto, un individuo que pretenda escribir ficción, tiene que conocer los temas mitológicos principales. Y en eso es en lo que estoy.

1:47 a. m.  
Blogger Freman escribió...

Sobre Gilgamesh, ese personaje ha llegado hasta los videojuegos. Si no, pregúntale a Nachito.

:) ha llegado por los motivos que te mencionaba: una fantasía arbitraria no "cuela", no tiene capacidad de "conmover". Tiene que cumplir ciertas reglas. La escena de Braveheart en la que matan a Mel Gibson impresiona porque la asociamos, consciente o inconscientemente, con los sufrimientos de Cristo. La escena cumbre de Platoon también intenta esta asociación: el prota muere con los brazos abiertos, mirando al cielo. No pregunta "Dios mío, por qué me has abandonado"... pero Oliver Stone cuela el Adagio para Cuerdas como música de fondo en ese momento, que provoca el mismo efecto.

Otro ejemplo: si tienes que describir el sueño de un personaje masculino en el que aparecen mujeres, haz que sólo aparezca una... o tres. Nunca dos, a no ser que se trate de un personaje "incompleto" que tiene que madurar aún. Hay un montón de reglas no escritas de este tipo: hay momento en mi vida en que he soñado con Dios (eso es lo que me creo en el sueño). ¿Sabes como se presenta? Como un gnomo, o como una tortuga, como si eligiese un traje pequeño para no atemorizar. Yo cuento mi sueño, pero ¿cuánta gente tiene sueños parecidos, con patrones de símbolos similares... y no lo cuentan? Mis pesadillas tienen continuidad, las "veo" por episodios y temporadas: la peor de todas tiene que ver con un sótano, y un monstruo que hay en ese sótano. A veces he llegado a matar al monstruo, pero alguien lo resucita para el siguiente capítulo. Otras veces, me harto (¡en sueños!) y me dejo atrapar a ver qué pasa. Lo que pasa es un calambre eléctrico, bastante jodido de soportar, incluso tratándose de una ficción dentro de un sueño. Sin embargo, lo curioso es que nunca he vivido en una casa con sótano.

2:03 a. m.  

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